El Budo japonés mirado a través 
del Gran Terremoto del Este de Japón

Shiseikan es un notable colegio de entrenamiento de artes marciales japonesas. Fue fundado en 1973 con el propósito de instruir a aquellos que desean promover la saludable educación moral propia del Budo tradicional japonés. En Shiseikan se dictan clases de Kyudo (arquería japonesa), Judo, Kendo y Aikido, entre otras disciplinas. Además de las prácticas, se pronuncian habitualmente conferencias -dirigidas tanto a jóvenes como a adultos- sobre Budo japonés y temas afines.

En esta oportunidad, Pequeños Universos presenta la traducción exclusiva de un texto que compuso el actual director de Shiseikan con posterioridad al Gran terremoto de Japón oriental (東日本大震災 Higashi-Nihon Dai-shinsai) ocurrido en 2011.

¿Qué conexión puede existir entre la tragedia que costó la vida de más de 15 000 personas y las artes marciales japonesas? El profesor Araya Takashi nos conduce a una profunda reflexión sobre la raíz de la cultura japonesa y a la consideración de un especial sentido del Budo: la práctica marcial como poder purificador de uno mismo y de otros, en un trascendente sentido altruista.

El Budo japonés mirado a través del gran terremoto del Este de Japón

Araya Takashi
Director de Shiseikan

El 11 de marzo de 2011, el día en el cual el Gran Terremoto del este de Japón ocurrió, Tokio también observó temblores con una intensidad sísmica de nivel 5 (basada en la escala japonesa de terremotos, la cual abarca del nivel 1, débil, al 7, devastación). Debido a que trenes y otros medios de transporte habían sido paralizados, más de 3000 personas se refugiaron en Meiji Jingu. Un centenar y varias decenas de ellas no pudieron regresar a sus casas, y es así como pasaron la noche en el Shiseikan. Esa fue la situación.

Más tarde, el pavoroso estado del área golpeada por el desastre se aclaró, y se hizo evidente que fue el más grande estado de emergencia nacional que vivió el país después de la guerra. De Su Majestad el Emperador recibimos las siguientes palabras: “Creo extremadamente importante para todos nosotros compartir con las víctimas, tanto como sea posible, en toda manera en que podamos hacerlo, su sufrimiento e infortunio en los días venideros”. Por otra parte, desde el 15 de marzo en adelante, el Emperador mismo continuó cumpliendo con “cortes voluntarios de energía” por lo que dejó de utilizar la electricidad del palacio imperial durante una cantidad fijada de horas todos los días: desde el palacio corrió el rumor de que el Emperador estuvo soportando el frío y cenando en la oscuridad. Luego, sin contemplar su propia salud, él mismo visitó los refugios de cada área golpeda por el desastre y habló con las víctimas una por una. También ofreció una plegaria por el reposo de las almas de los muertos en el mismo sitio del desastre.

El mismísimo día del terremoto, la original actitud heroica del pueblo japonés se hizo naturalmente visible en las áreas del desastre: ayudarse mutuamente el uno al otro, aun más siendo golpeados por un gran terremoto o gigante tsunami, y ayudar al débil aun sacrificándose uno mismo. Por otra parte, siento que desde el estallido del desastre, los principios morales y sociales de “comunidad como familia” y de “virtud altruista”, los cuales han sido históricamente establecidos por el pueblo japonés en toda la nación, han tenido un despertar no solo en los lugares golpeados por la tragedia, sino por sobre todo el país.

En efecto, este “principio moral de priorizar a otras personas o a la comunidad antes que a uno mismo” puede ser entendido como la cristalización de la cultura japonesa, que el pueblo japonés, con el Emperador en el centro, ha estado alimentado desde la fundación de la Nación por el emperador Jinmu.

Cuando el emperador Jinmu, el primer emperador, fundó Japón, él apuntó hacia la construcción de una nación-familia que diera máxima prioridad al bienestar del pueblo. Ordenó en decretos imperiales rendir respeto a los espíritus divinos, renunciar al yo y rezar por el bienestar del pueblo. Los suceesivos emperadores, por más de 125 generaciones, heredaron esta intención del Emperador Jinmu y la pusieron en práctica. Es más, el pueblo tomó esto como un ejemplo y estableció un sistema de vida basado en la cooperación y solidaridad en pequeños asentamientos centrados alrededor de santuarios Shinto. Estos son los estándares sociales que están presentes en la forma de la cultura tradicional japonesa: tener compasión por los otros y hacer esfuerzos por la comunidad, lo que puede observarse como actitud generalizada en el Gran Terremoto del Este de Japón.

En la mitología japonesa, la era de las deidades conduce directamente a la era del hombre y está, por lo tanto, conectada con el tiempo presente. El Emperador Jinmu representa precisamente el nexo entre la era divina y la era humana. Su nombre como divinidad es “Kamu-yamato-ihare-biko-no-mikoto” (o Kamu-yamato-iware-biko-no-mikoto, “príncipe divino de Iware en Yamato’). Su nombre póstumo es Jinmu Tenno. El “Jin” de “Jinmu” representa “virtud divina” (“virtud sagrada conectada con espíritus divinos”), el “Mu” es también el “Bu” de “Budo” y representa tenacidad, valor, y sabiduría.

El director de Shiseikan Takashi Araya sensei y el anterior director Minoru Inaba sensei.

¿Qué se quiere decir con “virtud divina”? En la mitología japonesa, el espíritu divino del centro del universo es llamado “Ame-no-mi-naka-nushi-no-kami” (espíritu divino del centro del cielo). Representando la respiración de este espíritu divino del centro, hay allí un poder tremendo que se expande como “Taka-mi-musu-hi” (o “Taka-mi-musu-bi”, alto espíritu productor) y, luego, se contrae como “Kamu-mi-musu-hi” (o “Kamu-mi-musu-bi”, divino espíritu productor). En otras palabras, se trata de un enorme poder que libera energía explosiva desde el centro, como el universo entero en el Big Bang y, después, lo absorbe nuevamente hacia el centro como un agujero negro. Absorbe y absorbe, y en cuanto termina de absorber, estalla otra vez.

Por lo tanto, se dice que en el universo todas las cosas continúan el proceso de creación de este poder todo-abarcador: ellas absorben e inflan, expanden y contraen, tomando el centro como punto de referencia. Este poder, que crea todas las cosas existentes en la naturaleza, es llamado “virtud divina”. Es más, como todas las cosas que son generadas en este proceso poseen una virtud divina inherente, el poder suele ser llamado también “Naho-hi” (o “Nao-bi”, el espíritu que rectifica lo malo o equivocado). La idea mitológica según la cual este espíritu corrector está presente en cada persona y, al someterse a la purificación, cada cual puede volver a este espíritu rectificador, es el eje central de la cultura japonesa.

Como uno de sus rasgos, el Budo (“la forma marcial”) de Japón otorga gran importancia a un punto debajo del ombligo, en el bajo abdomen, al que considera como el centro de la mente y del cuerpo. Se acumula y guarda el poder en este punto, para expulsarlo, como expandiéndolo. Por así decirlo, es la descripción de un microcosmos dentro del cuerpo. Entonces, primero se concentra el poder en el centro; luego, cuando este desborda, crece como poder efectivo externo.

Al mismo tiempo, dependiendo de lo que coloques dentro del centro de tu alma, el rasgo del poder cambia. El bien o mal del centro de la mente y cuerpo, al momento de concentración del poder en el centro, otorgan a la energía saliente su rasgo de bien o mal. Se puede decir que, si en el centro de la mente, se encuentra el rasgo del espíritu rectificador, este poder será un poder recto. En otras palabras, si se quiere desarrollar poder justo, ante todo asegúrate de colocar el poder del espíritu rectificador en tu centro.

De todas formas, todos los días atraemos impurezas. Desgracias, pecados e impurezas se pegan a la mente y al cuerpo. Si uno no tiene la intención de purificar este estado, las impurezas finalmente se tornan inamovibles.

Para limpiarnos de estas impurezas, nosotros, personalmente, trabajamos en la purificación. Este pensamiento, según el cual nos conducimos personalmente a la purificación, es muy importante. La purificación no depende de deidades. Es necesario hacer un esfuerzo para purificarse uno mismo con la santidad que está contenida también dentro de uno mismo. Más todavía, inclusive en la purificación individual, la idea de que es suficiente purificarse solo uno mismo no sirve. Es importante hacer un esfuerzo para purificar la sociedad al purificarse uno mismo. En otras palabras, esto significa corregirse uno mismo y poner en práctica esta corrección en sociedad.

Budo es sin duda purificación. Pienso que la práctica del Budo es una purificación que se hace concentrándose de nuevo en el espíritu rectificador de uno mismo, al máximo extremo. Primero, esto significa purificarse uno mismo meticulosamente. Segundo, esto también significa acumular “Bu” (tenacidad, valor, sabiduría) como un poder que purifica a un oponente en caso de que una persona haya aparecido y esté penetrada por la malicia.

En otras palabras, practicar Budo significa practicar día tras día, constantemente, teniendo en cuenta la propia purificación y, al mismo tiempo, teniendo en cuenta también la purificación del oponente.

En Japón, hemos sufrido frecuentemente desastres naturales debido a graves terremotos o gigantes olas sísmicas del mar. Sin embargo, todas las veces, con el emperador de la era respectiva en el centro, hemos superado la catástrofe y reforzado la unidad social del pueblo. La razón básica para que esto suceda es que cada vez el emperador personalmente se expuso de forma directa a los mismos pesares que el pueblo sufriente, y con completa devoción condujo esfuerzos de ayuda para las víctimas. Este es el poder del sincero corazón del emperador, rezando: “Que el país pueda estar en paz, que el pueblo pueda estar en paz”.

Pienso que, a través de tal fuerza central, fue posible establecer una sociedad a la manera de una familia fuertemente unida, y una moral nacional que rechaza el “interés propio” y considera el “altruismo” como virtud. Precisamente, bajo la influencia de tal cultura tradicional, el Budo japonés ha heredado el cultivo de “dedicarse uno mismo al altruismo”.

No es el poder militar que destruye a otros por el bien de deseos egoístas. Es el poder del valor y la sabiduría, el cual es capaz de compartir el sentido moral altruista y actos por la protección de la sociedad. Las técnicas marciales, que fueron desarrolladas sobre la base de este poder, prepararon a la gente para superar el miedo a la muerte, lo que se apoya en una “auto-sacrificada falta de egoísmo”. No es un modo de pensar como el que apunta a la auto-salvación y argumenta, por ejemplo, que uno podría ser feliz en otro mundo (la vida del más allá). Es la predisposición al sacrificio de la vida de uno por el bien de otros en este mundo (la vida presente).

El espíritu de observar el servicio al Todo como más importante que el bienestar propio de uno mismo, es el espíritu que llega desde el espíritu rectificador. En otras palabras, este ha de ser el mismo espíritu de las deidades.

Yo, personalmente, creo que una sociedad en la cual cada persona sirve a otros y a la comunidad entera, es una mejor sociedad que otra basada en la competencia por el provecho individual. Y estoy convencido de que para la realización de tal sociedad, la forma de pensar y practicar del Budo es definitivamente útil.

Traducción al castellano por Pequeños Universos.

Adicionalmente les dejamos una bellísima producción de Empty Minds Films acerca de la exhibición que se realiza en Meiji Jingu (Templo de Meiji) donde participa Shiseikan.

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