Aproximación a los ejercicios funatori furutana en la práctica de Aikido

Por José Miguel Domínguez

El propósito de este artículo, que acompaña el nacimiento de un nuevo espacio destinado al intercambio de experiencias y conocimientos vinculados a la práctica de nuestra disciplina, es indagar sobre dos ejercicios que cualquier practicante de Aikido conoce: el ejercicio de “remar” y el de “reunir las manos por debajo del hara para hacerlas vibrar”.

Deseo comentar, a título personal e introductorio, que apenas comencé a practicar Aikido tuve la sensación de que en nuestra disciplina se arriba a la “teoría” o “filosofía” –si se me permite esta imprecisión– a través de la práctica. Quizás este fue uno de los aspectos que más me llamó la atención desde el principio. Y es que el camino que seguimos resulta opuesto a lo que como participantes de la cultura occidental acostumbramos hacer. De primera mano diríamos que uno estudia inicialmente una materia, bucea en sus supuestos y teorías, en su filosofía, para encontrarse por fin con la experiencia, provisto ya de un arsenal de herramientas cognoscitivas. Aikido es sencillamente el revés de esta tendencia. Uno practica, pone el cuerpo en acción, transpira, copia y repite. Y en la constancia de la repetición, que no cesa, comienza a aproximar el sentido, el fondo que convive con la forma.

Funatori furutana, de acuerdo con Saotome Sensei, (1) es un ejercicio de respiración profunda que solía proponer el Fundador del Aikido para comenzar las clases que impartía. Tal como adelanté, se trata del ejercicio de “remar” combinado con el de “juntar y agitar las manos”, que todo practicante realizó alguna vez, sino muchas, o por lo menos ha visto llevarse a cabo en la prodigiosa cantidad de videos que circulan en Internet.

Si acordamos hasta aquí en que lo esencial de nuestra disciplina consiste en la práctica (nadie que no practique, por más que lea bibliografía o vea regularmente videos, puede llegar demasiado lejos) deberemos acordar también en que la mera práctica, sin un componente de curiosidad por sus fundamentos, no garantiza una experiencia auténtica. De aquí surge la necesidad de examinar el funatori furutana, uno de cuyos aspectos también suele denominarse Tama No Hireburi. (2)

Según Saotome Sensei, descubrir el significado de este ejercicio es esencial para el alumno de Aikido. Veamos cómo lo explica:

“Partiendo de las caderas, este movimiento imita al de los pescadores o los samuráis cuando reman en sus barcas hacia la batalla. Acompañando este movimiento con un kotoyama fuerte procedente del hara, la voz y el cuerpo traducen el flujo y el reflujo de la vida. Quienes ejecutan este ejercicio forman un único y mismo cuerpo, ya que la fuerza general absorbe la fuerza individual hasta que no es posible distinguir una voz de un conjunto. A través del soplo, cuerpo y mente se funden con la Naturaleza, con el Universo, con el viento y el mar. Así, el ser se convierte en una ola en movimiento perpetuo y los límites del tiempo se disuelven en el espacio. El movimiento del cuerpo cesa cuando las vibraciones del último eco alcanzan los confines del espacio.” (1)

(“el ser se convierte en una ola en movimiento perpetuo”; La gran ola, por Hokusai)

Esta parte del ejercicio consta, si ahondamos detalles, de tres oportunidades: en la primera se repiten los sonidos “EI, HO” en la segunda “EI, SA” y en la tercera “EI, EI.” Al adelantar se espira y al retroceder se inspira. (2)

Para quienes sientan la necesidad de una explicación más física, otros autores que hemos relevado proponen lo siguiente:

“Nos colocamos en una postura relajada con el pie izquierdo hacia delante. Cuando nuestro instructor dice “uno”, empujamos las caderas hacia delante y hacemos pasar el peso de nuestro cuerpo desde la pierna derecha hacia la izquierda. Atrás, la pierna derecha se estira y delante, la pierna izquierda se dobla por la rodilla. Con los brazos describimos un pequeño círculo (girando los hombros) y luego los bajamos con fuerza, en extensión total, siguiendo el movimiento hacia delante de nuestras caderas, las muñecas dobladas hacia dentro con los dedos apuntando contra nuestro cuerpo. Nuestro tronco o cuerpo superior ha de permanecer recto, es decir que no hemos de inclinarnos hacia delante, puesto que el ejercicio pretende en primer lugar desarrollar el movimiento de cadera y el equilibrio al mismo tiempo. Cuando el instructor dice “dos”, retraemos las caderas, estiramos la pierna izquierda y atrás doblamos la derecha, donde se vuelve a situar el peso del cuerpo. De nuevo, los brazos siguen el movimiento de las caderas, y vuelven suavemente hacia cada lado del cuerpo, cerrando los dedos en un medio puño.” (3)

Intercalado entre cada una de las tres oportunidades comentadas (“EI, HO”; “EI, SA”; “EI, EI”), se realiza la meditación furutana, que Saotome Sensei describe de la siguiente manera:

“Los pies, al abandonar la posición hanmi de funatori, adoptan la posición distendida de la meditación furutana, piernas separadas (anchura de los hombros), las rodillas ligeramente flexionadas, la espalda derecha. Se inspira una vez por la nariz y profundamente. Las manos se mantienen juntas, la izquierda cerrada sobre la derecha, creando una cavidad con las palmas, sin crispación. Se levantan los brazos por encima de la cabeza como si se quisiese extender el cuerpo hacia el cielo, y después se vuelven a colocar justo debajo del hara. Los ojos se mantienen semicerrados y se elimina el aire por la boca. El tiempo no cuenta. Las manos juntas comienzan a efectuar un movimiento de vibración regular recorriendo el cuerpo, desde la cabeza a los pies. El ritmo se intensifica en tanto la vibración causada por cada inspiración difunde una energía nueva por todas las partes del cuerpo: hara, cerebro y puntas de los dedos de las extremidades. Puede prolongarse la pausa que precede a cada nueva inspiración y conseguir así que el ciclo de la respiración alcance su plenitud entre las dos fases, entre el yin y el yang. Debe conservarse la regularidad del ritmo, sin forzarlo, sin intervención del pensamiento. El cuerpo, estimulado por la vibración, se dilata y se une al Universo. Unidos, el cuerpo y la mente se vacían y se funden con el espacio. Las ondas propagadas vuelven a su punto de partida, como si fuese un sonar. La temperatura aumenta, trae calma al mismo tiempo que purifica y libera la mente, trascendiendo el ego y la agresividad. En este momento es posible vislumbrar la paz del espíritu universal. Cuerpo, mente y alma se cargan de energía y se disponen a recibir y generar fuerza. Todo está listo para empezar un entrenamiento intensivo.”

De este modo, hemos propuesto un conjunto de fundamentos que explican el sentido de dos ejercicios característicos de la práctica. Para muchos, el objetivo que se persigue con ellos es que la energía centralizada sea operativa en combate. Múltiples son las maneras de aproximarse al fondo de sus formas.

En lo personal, mientras más practico, más se refuerza en mí la convicción de shoshin (principiante). Es a esa convicción a la que dedicamos estos artículos y este novedoso espacio de comunicación virtual.

Notas:

(1) Saotome, M. Aikido o la armonía de la naturaleza. Kairós, Barcelona, 1993. Pág. 188.

(2) Los términos con que se nombran estos ejercicios difieren según la fuente considerada. En la página de Stefan Stenudd (http://www.stenudd.com/aikido/aikido-glossary.htm), el Glosario de Aikido propone 2 entradas: “funakogi undo, rowing exercise, also called torifune” (el ejercicio de remar, con dos acepciones) y “furitama, exercise to still ki” (el ejercicio de agitar las manos). Otras fuentes designan como Tama No Hireburi  la vibración que se ejecuta con las manos (http://www.ciaikido.com.ar/terminologia.htm). Para este artículo decidimos conservar la terminología publicada en el ya citado libro de Saotome Sensei (ver nota 1). Creemos que este contraste de voces puede deberse tanto a diferencias de transcripción/traducción como a la disparidad de linajes desde donde nos llega su empleo.

(3) Ratti, O. Westbrook, A. Aikido y la esfera dinámica. Ediciones Obelisco, Barcelona, 2001. Pág. 116.

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8 comentarios en “Aproximación a los ejercicios funatori furutana en la práctica de Aikido

  1. Amigos: sopresa y alegría son las dos primeras impresiones que brinda este espacio dedicado a sentir, pensar y vivir el Aikido. Si me lo permiten, también a la amistad que nos reúne en el mismo camino. ¡Abrazo!

  2. Enrique

    En el 2001 mi hermano tuvo la posibilidad de aprender estos ejercicios en una clase privada con Saotome Shihan en su Templo Aiki en Florida. El modo que realiza Saotome Sensei es bastante diferente al que se ve en los videos. En el funekogi los brazos se extienden como si fueran dos puñetazos (no con las muñecas flexionadas). El ritmo es uniforme (no como lo afirma Tsuda, I en sus libros) Lo mismo el furitama, las palmas de las manos están pegadas. Pienso que las variaciones se deben, entre otras cosas, a que estos ejercicios no todos los aprendieron directamente del fundador y, en el mejor de los casos, intentaron copiar lo que veían de O Sensei en sus raras apariciones en las clases públicas del Honbu Dôjô de Tokyô

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