Preguntas a un maestro de Shiatsu

Acerca de la entrevista

Esta entrevista comienza hace más de 3 años, en mi mente, cuando comencé a estudiar para Terapeuta Zen Shiatsu con Mino sensei. A medida que iban surgiendo las preguntas las anotaba, y con el correr del tiempo las volvía a consultar para verificar si ya tenía la respuesta a ellas o no. Al finalizar la carrera, los interrogantes iniciales –como era de esperarse– fueron reemplazados por otros nuevos, de los cuales he seleccionado los siguientes para confeccionar la entrevista. La finalidad de este texto es difundir Shiatsu y las enseñanzas de uno de sus pioneros en nuestro país, Argentina.

Acerca del Maestro

Eiji Mino nació el 9 de Junio de 1944 en la ciudad de Aomori, Japón.
Emigró a la Argentina en 1967 para iniciar trabajos relacionados con su profesión (Agronomía, con especialización en cultivos y paisajismo). Luego comenzó a trabajar como terapeuta de Shiatsu y a enseñar a grupos reducidos de alumnos.
Tiempo después regresó a Japón, donde permaneció por espacio de tres años para perfeccionar sus conocimientos de Shiatsu. Allí estudió con el maestro Tokujiro Namikoshi, director de la Japan Shiatsu College, y en Iokai Shiatsu Center, dirigido por el maestro Shizuto Masunaga, de quien fue discípulo.
Al regresar a la Argentina continuó trabajando como terapeuta y fundó, en 1978, el Centro Zen Shiatsu[1], del cual es director. Actualmente, luego de casi 40 años, ha formado a alrededor de 1000 terapeutas de Shiatsu.

Preguntas a un maestro de Shiatsu

Por Mario Sapienza

 

¿Cómo decidió aprender Shiatsu, sensei?

A los 11-12 años empecé a correr mucho; por supuesto, no tenía un especialista que me acompañara en esa época de crecimiento. Sin saber nada, corrí tanto que mis dos rodillas se empezaron a hinchar. Después se juntó líquido en ellas y, cuando no pude aguantar más, empecé a ir al médico. Cada semana iba y me clavaba agujas en las rodillas, me sacaba líquido. Sin embargo, a la semana siguiente se juntaba el líquido otra vez. Así siguió todo con ellas durante casi un año. Finalmente, el médico dijo que sacar el líquido ya no funcionaba y que debía operarme. Entonces, hacia los 13 o 14 años, un amigo de mi padre me recomendó que probara Shiatsu. Es decir, hace 60 años. En esa época nadie conocía Shiatsu. ¿Qué es Shiatsu? ¿Qué hace? ¿Cómo es? Nadie lo conocía. Pero antes de operarte –me sugirieron– probalo.

Así fue como empecé, y por eso siempre digo que Nagashima fue mi primer maestro. Realmente me estaba ayudando su terapia. Acudían al lugar todos sus clientes, conversaban entre ellos y, al lado, él atendía. Entonces yo, por supuesto único pibe chiquito entre personas grandes, era ignorado. Nadie me daba bolilla. Lo único que hacía era mirar el trabajo del maestro con la gente. Por fin, al pasar de 6 a 8 meses, mi talón llegó a tocar mi cola, porque mi problema era que no podía doblar nada las rodillas, ni siquiera lograba andar en bicicleta. Ese era el estado en el que concurría a Shiatsu. La emoción por recobrar el movimiento hizo que me decidiera a estudiar. Voy a aprender esta técnica, me dije. Antes también, por curiosidad, observaba cómo trabajaba sensei; luego, con más intención, miraba y miraba. El maestro nunca me enseñó nada. Yo sólo observaba y empecé a copiar Shiatsu y a probar lo que veía con los amigos, con la familia. Así fue mi inicio en el aprendizaje de Shiatsu, entre los 14 y los 15 años.

A los 16 ya tenía decidido venir a la Argentina. Mi idea era insertarme en el campo. Suponía que no iba a haber médicos, por lo que tendría que poder atender a mi propia familia; tal vez debería acompañar a mi mujer en el momento del parto, pensé. Entonces empecé a estudiar toda la base de la medicina. Sin embargo, ingresé en la Facultad de Agronomía, ya que aquí planeaba hacer cultivo de flores. Por fin, me dediqué a estudiar floricultura y medicina a la vez, con la idea de viajar hasta aquí preparado.

Antes de venir, acudí a un curso de Shiatsu para perfeccionar un poco la técnica. Después de llegar al país, como suponía, empecé a trabajar en un vivero. Sin embargo, sentía ganas de tener contacto con la gente, porque el trabajo de jardín es lindo pero no se tiene con quién hablar, con quién relacionarse. La familia japonesa acostumbraba entrar al vivero y trabajar sin parar hasta el sábado o incluso el domingo. Pasé entre uno y dos años casi sin salir de ese vivero. Tenía ganas de establecer lazos con Argentina, y como no tenía plata ni otros recursos, la única forma que veía posible para hacerlo era a través de Shiatsu. De ese modo me decidí a empezar.

La ventaja de hacer Shiatsu era que podía ir al domicilio de los pacientes. Aunque no tenía recursos, no tenía consultorio, podía empezar a trabajar de todas formas. Justo en esa época, por casualidad, conocí un terapeuta japonés que vivía en Villa Elisa. El hombre falleció y me decidí a seguir con su consultorio. Ahí fui y empecé a atender a la gente. Esa experiencia resultó mucho más difícil que la anterior, porque ese señor atendía a muchos pacientes y entonces se me presentaban varios problemas. Fueron tres años de trabajo que, por su dificultad, me hicieron notar que tenía que aprender con más perfección Shiatsu. Ya estaba casado y atendiendo, pero me decidí a seguir aprendiendo. Nos fuimos, con mi mujer y mi hija mayor, a Japón. Por supuesto, viajé a la casa de mis padres, en Aomori. La escuela más importante se encontraba en Tokio. Antes de acudir allí estuve tanteando dónde prefería ir, y fue así que di con la escuela de Namikoshi y con otro grupo, Iokai, en donde enseñaba Masunaga.

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Tokujiro Namikoshi

Tengo entendido que usted primero estudió con Namikoshi…

Sí, pero casi al mismo tiempo estudiaba con Namikoshi[2] y con Masunaga[3]. Iokai, una idea del maestro Masunaga, no es tanto una escuela sino más bien un instituto para profesionales avanzados; son cursos que se toman en etapas. Si un profesional de Shiatsu tiene dudas o no puede trabajar bien, encuentra en Iokai la reeducación que necesita. Por eso Iokai no es propiamente una escuela de Shiatsu. Namikoshi, en cambio, tenía avalada su escuela por el gobierno. Para ejercer como terapeuta es necesario terminar de formarse en una escuela certificada como ésta. Después de terminar esa etapa hay que rendir un examen. Pero ya en aquella época, Masunaga sensei había escrito muchos libros y yo tenía mucho interés en estudiar con él. Por todo esto, paralelamente, iba con Namikoshi y aprovechaba la enseñanza de Masunaga.

¿Cuál era la diferencia más notoria entre lo que enseñaban los maestros Namikoshi y Masunaga?

Namikoshi, como enseñaba a trabajar piernas, brazos, todo el cuerpo, era fundamental para formarse como terapeuta desde la base. En cambio, la escuela de Masunaga servía para personas que ya tenían conocimientos previos y que directamente iban a aprender en qué condiciones debían trabajar. Con Namikoshi uno aprendía del modo “aquí ponga el dedo para esto, presione de esta forma”, pero con Masunaga presentábamos casos, por ejemplo, como cuando un paciente tiene un problema en la pierna o de circulación o digestión o respiración, y nos enseñaban a manejar la pierna de la forma en que se relacionaba con la situación concreta de la persona. Esa era la diferencia. Namikoshi Sensei enseñaba la base para el manejo del cuerpo. En cambio, Masunaga Sensei, anteponía el problema general del paciente y, enfocado en eso, mostraba cómo se tenía que manejar el cuerpo.

Masunaga
Shizuto Masunaga

Cursar en la escuela de Namikoshi tomaba dos años y pico. En cambio, aprender con Masunaga no se extendía por más de 6 meses y, sin embargo, incluía algo de formación básica y de teoría medicinal, incluso para atender pacientes difíciles. Constaba de tres niveles, pero repartidos en seminarios.

Gracias a eso yo podía ir a aprender, porque trabajaba en Aomori, en el negocio de mi cuñado; juntaba plata y, mirando el programa de Masunaga, decidía qué seminario tomar en ese momento. Los seminarios siempre se repetían. Por mi falta de recursos, no podía cursar los seis meses seguidos, de manera que juntaba plata e iba 10 días, por ejemplo. Aprendía en un seminario y después regresaba a Aomori para juntar nuevamente dinero y otra vez volver a Tokio a estudiar. También terminé el ciclo de Namikoshi. Cada vez que podía ir a Tokio, acudía lo que me permitían los ingresos. Permanecía 10 días estudiando y volvía a Aomori para juntar otra vez dinero. Fue por estas circunstancias que tardé tres años en completar los estudios. Lamentablemente, no podía vivir en Tokio y pagarme los estudios durante seis meses seguidos. Así fueron mi experiencia de aprendizaje y mi formación.

En verdad, más que nada, tenía ganas de aprender lo qué enseñaba Masunaga Sensei. ¿Qué quería transmitir el maestro? Antes de concurrir a su escuela, yo leía sus libros y estudiaba su filosofía; esa era la parte que deseaba profundizar.

¿Cómo describiría esa filosofía de Masunaga?

Es algo bastante largo de explicar. Para resumirlo, significa que usted mismo tiene que poder decir qué siente el paciente. ¿Cómo se siente cuando se enferma? Eso es lo que se debe comprender para aprender. Más que saber en qué forma trabajar para determinado problema, usted debe percibir lo que siente la persona con esa manifestación. ¿Cuál es la base sobre la que enferma?

¿La condición que lo lleva a la enfermedad?

Eso mismo. Masunaga transmitía al terapeuta, con su filosofía, su nivel de psicólogo, esa comprensión. Entonces, cuando atienden un paciente, ustedes mismos no tienen que ser los protagonistas de su mejoría sino que deben llegar a percibir y conocer su estado, deben acompañarlo y comprenderlo. Ese aspecto, creo, es el que transmitió mucho Masunaga.

¿Esa sería una parte más evolucionada del estudio de Shiatsu?

Mmm, no sé si “evolucionar” es la palabra. Que el terapeuta entienda por qué enfermó el paciente, por qué condición se agarró esa enfermedad. Comprender eso no es nada fácil, ¿no? Usted debe preguntarse en qué forma puede acercarse al paciente para descubrirlo. Entonces, la forma de tocar, de manejar el cuerpo, no tiene que estar guiada por nuestra idea de mejorar tal o cual problema con determinada presión, eso no.

Pensarlo así sería más aplicar la técnica de Namikoshi…

La técnica de Namikoshi es la técnica de base del terapeuta de Shiatsu. Nos dice cómo trabajar con un determinado problema, de qué forma se puede armonizar con él. Pero la enseñanza de Masunaga es un poquito distinta, ya que busca comprender en profundidad la causa de la enfermedad. Para llegar a entender eso, de qué forma hay que acercarse al paciente –este es el modo de pensar de todo maestro oriental–, para que el paciente le diga, sin palabras, por qué está enfermando, usted tiene que ser Mu (無), estado de vacío. Si quiere comprender al paciente de antemano con sus ideas, con su voluntad, el paciente no muestra la causa de su problema. En cambio, acercándose al estado de Mu –nada o vacío– el paciente sí muestra la causa de su enfermedad. Así, ya está entrando un poquito en el nivel filosófico del Zen. Porque nosotros siempre estudiamos el Kyo (虚) – Jitsu (実) de los meridianos, pero los meridianos no se muestran ni se ven.

Recuerdo que en una clase hablaba usted de los Tsubo y sobre cómo acercarse a ellos. ¿Podría relatarnos nuevamente esto?

Tsubo es una palabra japonesa que puede entenderse como “un punto importante de todo el cuerpo”. En nuestro trabajo tenemos que manejar tsubo, pero tsubo es un derivado de la palabra tsubomi, que significa pimpollo. Para que florezca el pimpollo usted no puede acercarse a él con brutalidad o fuerza, con agresividad, con la idea de abrir el pimpollo, pues entonces el pimpollo mismo opone resistencia para no salir lastimado, para no abrirse. Quiere decir que así el pimpollo no devela su estado. Para presionar con la técnica de Shiatsu, usted tiene que comprender cómo está el pimpollo. Si se acerca a él con la idea de Mu, que no tiene nada, sólo para comprender y nada más, entonces el pimpollo le da su confianza y le permite tocar. Ahora bien, hay que considerar en qué condición toca en ese momento: si parte de la idea de que quiere aflojar al paciente, de que pretende abrir al pimpollo, el pimpollo siente esa idea y, otra vez, va a oponer fuerza y se va a cerrar.

La técnica de Shiatsu es la técnica de la presión, pero de una presión que trata de comprender cómo está el paciente y de acompañarlo, de un modo en que no entra la voluntad del terapeuta.

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¿Cómo se consigue el estado de Mu? ¿Es un estado mental? ¿Físico?

Mu surge de la unión entre tres cosas: lo mental, lo físico y el espíritu, todo eso combinado. Por supuesto, esa es la base de nuestra enseñanza en las clases. Trato de explicarlo pero no obligo a que lo incorporen. Usted tiene que llegar. Entonces, cada uno, incluso una persona con poco tiempo, puede llegar a ese estado. Algunos practicantes, aún trabajando durante 10 años, sin embargo, no logran alcanzarlo. Es muy importante el entrenamiento de cada uno.

¿A través de la meditación, por ejemplo?

La meditación ayuda. El estudio y comprensión de la filosofía del arte japonés también ayuda. Cuando hablamos de esa filosofía nos referimos a que con ella siempre se busca quitar el “uno mismo.” Eso, en el sentido de la enseñanza del Kendo, por ejemplo, del Karate o del Aikido. En esas prácticas hay que despojarse del cuerpo, de la fuerza, de la mente. Recién entonces se comprende realmente al oponente y es posible salir victorioso de un enfrentamiento.

¿Usted practicó algún arte marcial?

Practiqué Karate. Mi pierna, como les conté, andaba mal desde los 13 o 14 años. Entonces, pensaba que haciendo otros deportes casi no podría competir con mis contrincantes en igualdad de condiciones. En Karate, en cambio, trabajaba mucho con los brazos, ya que mis piernas eran frágiles y débiles; tenía esa posibilidad y por eso tengo más fuerza de brazos que otras personas.

¿Qué edad tenía cuando practicó?

Practiqué desde los 16 a los 20 años. Cuando se empieza a practicar Karate, enseguida uno se siente como si tuviera mucha fuerza, más que otras personas. Ya cuando tenía 17, 18 años –por ese motivo– acostumbraba provocar peleas. Siempre me encontraba con muchachos y buscaba iniciarlas. Pero un día me encontré con uno más chiquito que yo, comencé a provocarlo para pelear y, por supuesto, ese muchacho me pidió perdón y luego se fue. Tiempo después me enteré de que tenía una alta graduación de Karate (risas). Menos mal que no conseguí nada con mi provocación. Luego de esa experiencia nunca provoqué más a nadie, por supuesto (risas). Además, mi Karate trabajaba mucho con los brazos, pegaba más que nada con ellos. En aquel tiempo yo tenía, además, miopía, y en los torneos siempre había que luchar sin anteojos porque no existían los lentes de contacto, así que nunca gané (risas).

Con anteojos veía bien. Cuando luchaba con mis compañeros siempre ganaba yo. Pero cuando me sacaba los anteojos, perdía.

Nos decía que la meditación puede ayudarnos a encontrar un mejor estado para hacer Shiatsu…

Además de eso, la meditación nos ayuda a sentir cómo se encuentra el paciente, nos permite captarlo mejor.

¿Qué tipo de meditación practica usted?

Yo sólo practiqué Zazen. Fue mi único entrenamiento en meditación. Practicando solo es muy difícil hacer Zazen. Siempre aconsejo que se practique bajo la guía de una persona que dirija bien la práctica, ya que eso obliga a luchar con uno mismo, a seguir sentado meditando. De ese modo se aprende mucho más que sentado solo. Estando solo, al fin y al cabo, cuando uno tiene ganas de levantarse, se levanta. En ese momento de lucha con uno mismo que se consigue con la práctica dirigida es que se aprenden varias cosas.

¿Sigue la línea de meditación Soto Zen?

En mi caso sí, pero creo que Rinzai es lo mismo. Yo tuve la oportunidad de encontrar maestro de Soto Zen.

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Mino sensei junto a su grupo de Zazen a finales de los ’80.

¿Practicó algún otro arte marcial? Tengo entendido que hizo Kyudo también…

También hice Kyudo, es cierto. Mi idea siempre resulta un poco torcida, porque no podía practicar muchas cosas. Sólo tiraba parado, sin trabajar tanto las piernas. Aunque se tenga problemas de rodillas, es posible tirar con arco. Existe un entrenamiento para discapacitados, en el que no hace falta arrodillarse, pero el verdadero Kyudo contempla mucho la postura de rodillas. Por eso, desde el principio, yo no hice la auténtica forma del Kyudo. Lo cierto es que siempre, para escapar de alguna cosa, busqué la práctica de algún arte marcial.

¿Y cree que las artes marciales aportan física, espiritual o mentalmente a la práctica de Shiatsu?

En mi caso lo hicieron mentalmente. Por supuesto, cuando comencé Kyudo empecé a leer un montón de libros sobre el tema. Los libros siempre enseñan la importancia de su preparación mental. Aunque no podía practicar el verdadero estilo de Kyudo, espiritualmente también quería acercarme a ese nivel. Todo ese aprendizaje ayuda mucho para luego atender a la gente, para comprenderla. En ese sentido me ayudaron mucho las artes marciales.

¿Y cuál cree que es el punto en común entre las enseñanzas del Budo que sirve como apoyo para Shiatsu?

Interesante pregunta… Para pensar cómo atender a los pacientes yo siempre uso la expresión “ayudar bien”, y lo hago como si fuese “ganar yo”. Quiero “ganar” para “ayudar”. Finalmente, como de la práctica del Budo surge que nunca se puede “ganar”, uno tiene que dejar el “yo”, abandonarlo. En este aspecto creo que hay alguna similitud entre todas estas artes profundas. Si nos centramos en el “yo” no podemos llegar a comprender a los pacientes, no podemos ayudar bien a los otros. Lo mismo sucede con el arte marcial. Para ganar verdaderamente, hay que dejar de lado el uno mismo.

¿Eso sería Mu?

Mmm, algo muy parecido… Mu, vacío… En realidad, cuando digo Mu, ¿cómo lo comprende usted? ¿Qué es Mu? Nada. ¿Pero no hay nada? No es eso, haber hay, ahí está el yo, y sin embargo no hay. Es un juego abstracto de palabras. Cuando digo Mu, no significa la ausencia de nada.

¿Eso sería Ku?

(Risas…) También, Ku también. Es como… No sé si tiene idea, como cuando se recita el sutra de Hanya Shingyo. Empieza Shiki Soku Ze Ku. Shiki es existencia, existencia es como Ku, Ku es como aire. Generalmente, ¿qué cosa dice Ku? Ku es aire. No hay nada ahí, pero hay. Entonces, Shiki Soku Ze Ku, Ku Soku Ze Shiki, se repite esa parte. La esencia de Hanya Shingyo es esa. Shiki es la existencia de todas las cosas, las cosas que se ven, que se pueden tocar, todo eso forma parte de Shiki. Pero Shiki es Ku. Por eso Ku puede traducirse como Mu, puede significar vacío, pero no es Mu de “no hay nada”, no es eso. Hay, aquí hay aire, sólo que no se ve. No se puede tocar, pero existe y está presente.

¿Algo parecido a Ki?

Algo parecido también a Mu, filosóficamente. Creo que estoy traduciendo vacío como Ku. Entonces, si bien hay diferencia entre Ku y Mu, los dos conceptos equivalen. No hay nada, no se ve nada. No se puede tocar nada. No existen, pero existen. Mu también existe ahí, existe Yo ahí. Y sin embargo, no puedo poner Yo. Es como un koan: Mu significa que no hay nada, pero en realidad hay. ¿Qué es?

Creo que en esto hay cierta similitud con lo que sucede cuando un occidental intenta comprender qué es el Ki. Es decir, el Ki no está, no existe, no se puede tocar, pero está. Es muy complicado para Occidente entender el término.

Mmm, para Occidente y para Oriente debería significar lo mismo, sólo que la forma de pensar dividió mucho la percepción. Occidente da mucha importancia al Yo; Oriente, en cambio, da más importancia a la otra persona, o a dejar vacío, a dejar Mu. El occidental siempre toma como base el Yo, y el oriental se centra en Ku. Oriente entiende que gracias a la existencia de algo, puede existir el Yo. Para el occidental, en cambio, el Yo puede hacerlo todo, fabricarlo todo –pienso, luego existo–. Esta es la diferencia que yo traduzco como oriental/occidental.

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Mino sensei atendiendo en el Jardín Japonés de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Curiosamente, me llamó la atención que en Japón no se hablara de Ki… ¿Cómo se explica eso?

Se hablaba de Ki en la época en que vivían los samuráis. Después de terminar ese tiempo, los únicos que manejaban el concepto de Ki eran las personas que entrenaban artes marciales, y ni siquiera todas. Cuando usted entra al mundo del Kendo, del Karate, entonces sí encuentra que se habla de Ki. El común de los japoneses no habla del tema pero vive con Ki. Para empezar, para saludar siempre piden saber cómo esta su Ki. ¿Genki? Genki es como el origen del Ki. Quiere decir, “¿cómo está?” La palabra Ki está presente en el saludo, pero nadie la relaciona con el Ki del que estamos hablando. “¡Qué lindo Kimochi!” Kimochi equivale a “personalidad”. “Ki, motsu” es tener. “Kimochi” es su corazón, su espíritu, su carácter. Diariamente usamos Ki, pero nadie lo relaciona con la energía que fluye por los meridianos, por ejemplo. Por eso tal vez es muy notoria la diferencia entre una reunión de un grupo de japoneses y una de un grupo de occidentales. Los japoneses, primero que todo, piensan en el ambiente. Entonces, “ah, no quiero molestar, no quiero hablar”. Siempre están atentos a cómo se siente o qué es lo que piensa la otra persona. Eso es vivir en el mundo del Ki. En cambio aquí, para un grupo occidental no importa nada el ambiente sino que lo que predomina es el Yo. Por ejemplo, en nuestras clases siempre se nota mucho que alguno de los alumnos está estirando sus piernas, o que escucha recostado. Los japoneses no harían nunca una cosa semejante, porque estarían molestando al ambiente. Eso es estar atento al mundo del Ki, aunque no se relacione mucho con el Ki de los meridianos. Hablando de eso, enfermar, en japonés, es “byoki”. Ahí también está presente la palabra Ki. “Byo” es entumecerse, ponerse duro. Diariamente usamos esa expresión: “¿no estás vos byoki?” Hay un montón de palabras en las que está presente Ki. Pero no se piensa con ellas en el Ki de Karate, Kendo o Shiatsu. Los japoneses mismos, actualmente, no tienen idea de cómo manejar el Ki, qué tienen que hacer para sentirlo. Las mismas clases que doy yo a occidentales, cuando tengo en ellas alumnos japoneses, también piensan ellos que escuchan por primera vez las cosas de las que hablo. Pero en realidad, viven con ese Ki, sólo que se olvidan, no se dan cuenta de ello.

Para los japoneses, la enseñanza más importante es la de Kikubari[4] (気配り). En cuanto a “Ki”, ya sabemos de qué estamos hablando; “kubaru” significa repartir. Entonces decimos “vos no tenés kikubari” cuando alguien se junta con gente pero no está atento a cómo se sienten los demás.

¿Empatía?

Sí, esa es una traducción posible. Kikubari es lo más importante para los japoneses. En todo momento, en cualquier reunión, más que en sí mismos, siempre están pensando “¿qué tengo que hacer para que esté todo bien?” o “¿qué no tengo que hacer en estas circunstancias?”

¡Es demasiado! Por ese motivo, hace casi más de veinte años se empezó a decir “no haga tanto Kikubari porque se cansa mucho”. Si usted está pensando constantemente en otras personas, en cómo se encuentran, resulta agotador. Sin embargo, es una práctica que lleva siglos realizándose y es difícil de abandonar.

¿Usted cree que esta forma es beneficiosa para atender pacientes en Shiatsu?

Toda la base del Shiatsu consiste en eso: Ki, movimiento de Ki.

¿La empatía es importante para el terapeuta?

Sí. Yo no conozco en profundidad la palabra “empatía”, pero según me la explicaron, deduzco que coincide con el aspecto más importante a tener en cuenta para tratar a la gente.

¿Y cómo hace usted para acercarse al paciente?

Mmm… Es importante la actitud, la simpatía. Tenemos que ser bastante como artistas (risas). Hay que actuar para poder aflojar a la gente y lograr acercarse. A partir de ahí, el paciente empieza a mostrar cómo es y, si quiere, hasta a hablar. Esa forma de trabajar no solemos enseñarla. Usted tiene que ser más artista, simpático, pero cada uno encuentra su propia forma.

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Una vez lo escuché hablar sobre “acercarse con la vida de uno a la vida del otro.” ¿Puede explicar eso?

Un modo más sencillo de decirlo es “de persona a persona.” No es con mi cabeza de “yo conozco la técnica de Shiatsu para tales y tales cosas, por lo que tengo que apretar acá…” Eso es lo que está en la cabeza, pero para comprender al paciente, para verdaderamente acercarse, hay que hacerlo con la personalidad, con la totalidad de uno y no sólo con la cabeza. Todo el mundo quiere acercarse con la cabeza, pero de cabeza a cabeza no se puede llegar al paciente. Suena un poco abstracto, pero hay que llegar de corazón a corazón. Eso es Shiatsu.

¿Es una comunicación de ambas partes?

Comunicación, claro. Por eso siempre que comienzo las clases del 2do. año de nuestra carrera, cuando explico los 4 diagnósticos[5] –“Bo-shin” es mirar, “Cho-shin” es escuchar, “Se-shin” es tocar–, el que consideramos más importante es “Mon-shin”, que significa comunicar. Actualmente se llama “Mon-shin” al diálogo en que el médico hace preguntas al paciente. Pero nosotros realizamos el “Mon-shin” sin palabras, nuestra forma de comunicarnos es sin ellas.

Suelo decir que un experto de “Mon-shin” equivale a “Ko”. ¿Qué es “Ko”? La técnica de “Ko” más importante es el invento humano en el que, a partir de dos elementos, el hombre hizo otra cosa, como en el invento de la rueda. Con dos partes –la rueda y el tronco– el ser humano pudo desplazar una carga; vale decir, hizo un agujero en la rueda y colocó un tronco, y con la rueda y el tronco pudo hacer rodar algo. La persona que es experta en “Mon-shin”, entonces, equivale a “Ko”. Al momento de explicar los 4 diagnósticos juego mucho con el idioma japonés. El sentido de mover la rueda, aplicado a la relación entre terapeuta y paciente, se comprende desde el hecho de que el paciente viene con una pared, el terapeuta se encuentra con ella y tiene que agujerearla para generar el movimiento; en eso consiste la técnica de “Mon-shin”.

Por todo esto, se entiende que comunicarse no es sólo hablar, decir palabras, comunicarse es comprender el aire entre paciente y terapeuta.

¿Cree que esta es la base esencial del Shiatsu que aprendemos en nuestra escuela?

No, no digo que sea la base del Shiatsu. Es la base para ayudar a la gente. Nuestra forma es la práctica de Shiatsu. Existen muchísimas técnicas, pero basta con que tengan esa filosofía para que puedan ayudar. Por eso nosotros, dentro de Shiatsu, lo estamos entrenando. Ayudar a la gente es el centro de todo lo que hacemos. Del mismo modo que un psicólogo, que se maneja con la palabra pero para verdaderamente ayudar, necesita establecer una buena comunicación que las excede. Algunas personas ayudan a la mejoría a través de la palabra, otros lo hacen tocando, otros golpeando, otros clavando; habrá un montón de técnicas, pero la base para que funcionen la dan la empatía y la comunicación.

En la preparación de un terapeuta, ¿cuán importante es la respiración?

Respirar es vivir, ¿no? Entonces se encuentran la respiración de uno con la respiración del otro. Eso quiere decir que la primera comunicación que establecemos es a través de la respiración. Si ustedes aún no tienen el entrenamiento suficiente, deben estar muy atentos a cómo respira el paciente y a acompañar esa respiración. Cuando tengan el entrenamiento necesario, apenas se acerquen al paciente acompañarán ese ritmo automáticamente. A partir de ese momento ya no hará falta exhalar bien largo, no deberán recurrir a la técnica. Simplemente, acompañarán.

¿Y si el paciente respira mal?

¡Respiren mal ustedes! El paciente se asustará, pensará “este anda mal” o “yo estoy mejor” (risas). Así se tranquilizará más la persona y, en ese momento, poco a poco, estarán acompañando su respiración. En definitiva, la respiración es la base de la terapia.

¿Qué cree que el Shiatsu, a lo largo de 40 años de ejercicio, ha aportado a su vida como persona?

¡Shiatsu, porque sobre otras cosas no conozco nada! (Risas.) Acá, en Argentina, tengo muchos amigos, y me he relacionado con ellos gracias a Shiatsu. Por eso siempre estoy contento. Mi trabajo consiste en hacer algo y que luego me vuelva en agradecimiento. Esa es su base. Me está agradeciendo todo el tiempo. No existe nada mejor. Bah, cuando lo que hago ayuda, me agradecen; cuando no ayuda, me putean, ¿viste? (Risas.) Es lógico, eso también hay que pagarlo. Para ayudar bien uno tiene que sufrir mucho, y tiene que entrenar mucho. Por eso digo siempre que hay que ser “profesional”. Un profesional es quien sabe y conoce bien lo que hace. No es alguien que ayuda sólo con la voluntad. Tenemos la obligación de trabajar bien.

Como el ejemplo del boxeador que dio una vez…

¿No es cierto? Si alguien es profesional, vienen 20 tipos a enfrentarlo y, ahí nomás, los vence a todos. Esa es la naturaleza de un profesional. La actitud de “quiero ayudar, con mi voluntad” no alcanza, porque a parte de eso es preciso saber, hay que entrenar el físico para poder ayudar, es una obligación.

Para ser terapeuta profesional se debe sufrir mucho. Es necesario también entrenar la mente, adquirir conocimientos y mucho más. Ser nada más que una buena persona no sirve. Tenemos que actuar como profesionales para conseguir ayudar a la gente.

¿Qué le recomendaría a alguien que quiere estudiar Shiatsu?

Le diría que aprender Shiatsu y trabajar en esto es el mejor método para vivir bien. Es la base de la vida humana.

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Mino sensei junto al entrevistador y alumno Mario Sapienza. 2017.

Agradecimientos:
A Silvia Dearti, coordinadora general del Centro Zen Shiatsu, por sus aportes durante y después de la entrevista.
A Cósima Aballe por su incondicional apoyo y a José Miguel Domínguez por su enorme labor de edición y corrección de todo el material.


[1] http://www.centrozenshiatsu.com.ar/new/
Bulnes 1286. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Tel: (54 11) 4863 7853. Email: informes@centrozenshiatsu.com.ar

[2] Tokujirō Namikoshi (Shikoku, Japón, 1905-2000) fundó en 1940 el Japan Shiatsu College en Tokyo, máximo exponente internacional en la formación de terapeutas de Shiatsu y la única entidad que dispone de autorización para su ejercicio por parte del Ministerio de Sanidad de Japón. Popularizó y difundió Shiatsu en todo el mundo. Escribió varios libros accesibles al público en general.

[3] Shizuto Masunaga (Hiroshima, Japón, 1925-1981) fue psicólogo y maestro de Shiatsu. Se graduó en psicología de la Universidad de Kyoto en 1949. En 1959 se graduó en el Colegio de Shiatsu de Japón y continuó enseñando psicología y Shiatsu en esa institución. Al mismo tiempo, fue profesor de psicología en la Universidad de Tokio. Masunaga creció en una familia de practicantes de Shiatsu. Su madre había estudiado con Tamai Tempaku, autor del término Shiatsu y de “Shiatsu Ho” (“método de presión de dedo”). Fundó Zen Shiatsu y el instituto Iokai en Taitō. Masunaga publicó “Shiatsu” en 1974 (traducido en 1977 como “Zen Shiatsu”). También escribió otros libros sobre el tema. Murió el 7 de julio de 1981.

[4]Ki kubari” se utiliza en el lenguaje japonés contemporáneo para explicar la atención e incluso la consideración de los que nos rodean; Según Saotome Mitsugi Sensei, literalmente significa “distribuir ki“.
En el contexto de las artes marciales, sin embargo, adquiere un significado de conciencia y conexión con el entorno externo de una manera que es importante para la vida y la muerte. El término está estrechamente relacionado con el “zanshin” (conexión/conciencia) y el “ma-no-hakari” (conciencia del medio ambiente y el terreno), excepto que con un enfoque especial en la intensidad y en el espíritu. Es, de hecho, la esencia de la atención plena, sólo que en lugar de invertir la conciencia en el propio cuerpo, se trata de una conciencia externa que conecta y expande la conciencia a todos los alrededores.
Fuente: http://tampaaikido.com/saotome/ki-kubari-external-mindfulness-and-martial-awareness/

[5] Wataru Ohashi describe, en su Manual de Diagnosis Oriental, cuatro maneras de evaluar la salud y el carácter:
1) Bo Shin. Ver u observar a la persona.
2) Setsu Shin. Tocar al paciente. Palpar su vida.
3) Mon Shin. Hacer preguntas a la persona para obtener información acerca de su estado de salud.
4) Bun Shin. Diagnosticar mediante el oído y el olfato (escuchar y oler).

8 comentarios en “Preguntas a un maestro de Shiatsu

  1. También Lo Dijo El El Shihan, Eiji Mino.

    Poco se aprende en la vida
    tan solo con estudiar
    Mucho debe caminar
    con el espíritu abierto
    porque el shiatsu se hace cierto
    con el largo practicar.

    Quien pretenda interpretar
    la trama escrita en el lienzo,
    para respuesta comienzo;
    no alcanza con preguntar.
    Con el mucho practicar
    queda marcado el camino.
    Va el hombre con tu destino,
    que es gota en el universo
    y es rayo de luz en verso
    al decir del Shihan (師範) Mino.

    Juan

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