José Watanabe, poeta Nikkei peruano (Segunda entrega: elogio del refrenamiento)

“…el pathos es enteramente una cuestión de refrenamiento…”.

 Chikamatsu

I. Identidad Nikkei

En una carta que aparece en la referencia como escrita a su hija Issa, publicada bajo el título “Elogio del Refrenamiento” (1), Watanabe se interroga sobre la identidad Nikkei: “algo, o «alguito», de japonés hay en la composición de nuestra personalidad. Sin embargo, siempre me pregunto hasta qué punto esta herencia puede permitirnos hablar de una identidad de grupo. Hay ciertos elementos obvios que podrían convencernos de la existencia de esa identidad, desde nuestros rasgos físicos hasta la promocionada cocina nikkei. Nuestros rasgos, tiempo más, tiempo menos, terminarán como debe ser: disueltos en el paisaje mestizo de nuestro país. Y posiblemente la celebrada cocina, con su exotismo más, y otras prácticas similares se conviertan pronto en anécdota. ¿Qué hay de más profundo? ¿Qué herencia todavía está viva en nuestra subjetividad y determina nuestra conducta? ¬ me pregunto a veces, y confieso que siempre termino confundido, como debe ser ante tamañas preguntas.”

A José Watanabe le pasaba que, en ocasiones, descubría “con cierta claridad” ser descendiente de japonés: “sucede en situaciones críticas, y me sorprendo porque siento que algo profundo viene y cambia el rumbo de mis reacciones previsibles. Mi normal tendencia al desánimo, por ejemplo, se hace temple inusual. No es una petulante apelación al estereotipo de japonés imperturbable ante la adversidad; es una íntima presión que me señala una responsabilidad: sé como tu padre.” Una de esas situaciones críticas tuvo lugar en 1986, en un hospital de Alemania. Watanabe, ante un diagnótico grave, “con la infinita tentación de descomponerme y tirarme al piso a llorar”, sintió esa presión ancestral, y el refrenamiento le hizo ver su miedo como una impureza (2):

LA IMPUREZA

Otra vez despiertas con el cuerpo poco, bien poco.
Otra vez tu vida oscila en el monitor cardíaco
pero más en tu miedo.
Ya no es la hipocondría. Ya te saltó el verdadero animalito.
Mas no patetices. Eres hijo de. No dramatices.
¡Mira que tu miedo es la única impureza en este cuarto ascéptico!
¿O nunca conseguiré ser hijo de?
El japonés
se acabó «picado por el cáncer más bravo que las águilas»,
sin dinero para morfina, pero con qué elegancia, escuchando
con qué elegancia
las notas
mesuradas primero y luego como mil precipitándose
del kotó
de La Hora Radial de la Colonia Japonesa.
(…)”

Esta impasibilidad ante la muerte es, para Watanabe, parte de la identidad Nikkei. “Esta conducta «elegante» (estoica, debí escribir) ante una situación límite compuso desde muy antiguo el modo de ser de nuestros padres. Ellos crecieron escuchando historias de samuráis que luego nos repitieron. Las enseñanzas implícitas en los argumentos casi siempre abundaban en la dignidad ante las situaciones extremas y, especialmente, ante la muerte. Abrevio aquí una de esas historias que mi padre contaba a la luz de un lamparín: dos samuráis acostumbraban combatir juntos para defenderse mutuamente las espaldas. Un día, uno de ellos fue flechado en un ojo por los arqueros del bando contrario. El herido se dejó caer cerca de un árbol mientras su compañero dejaba de combatir para auxiliarlo. Este intentó poner su zapatilla en el lado sano del rostro de su amigo para fijarlo y tirar de la flecha. El herido lo detuvo con sus últimas fuerzas, y le dijo: «Nadie, ni tú, mi honorable amigo, podrá poner su zapatilla en mi cara». Enseguida le pidió que lo ayudara a recostarse en el árbol para esperar, con majestad, la muerte.”

De esta manera, la reflexión de Watanabe sobre el ser Nikkei ingresa al territorio del Bushido, más precisamente, a la ética de una muerte digna reflejada en la correcta posición del cadáver. Para el poeta peruano el Bushido influyó, también, en la conducta de la sociedad civil japonesa, como lo reflejan su poesía y su dramaturgia. Del S. XVIII, por ejemplo, es la siguiente cita de Chikamatsu, que él refiere: «Cantar los versos con la voz preñada de lágrimas, no es mi estilo. Considero que el pathos es enteramente una cuestión de refrenamiento. Cuando todas las partes de un drama están controladas por el refrenamiento, el efecto es más conmovedor».

En el núcleo de su elogio al refrenamiento, José Watanabe escribe para su hija estas palabras centrales: “Creo que el refrenamiento, la contención, es el aspecto que más aprecié de mi padre, el que más me impresionaba. Mis hermanos y yo terminamos por controlar nuestras expansiones ante él. Nunca nos lo pidió, pero de alguna manera supimos que él siempre esperaba de nosotros un comportamiento más discreto, más recogido de maneras. Era una forma de represión, sí, pero no castrante, sino para estar más cerca del orden natural. La naturaleza, aún cuando es violenta, no hace aspavientos. Cuando somos aspaventosos estamos haciendo comentarios agregados e innecesarios a nuestros actos, que son naturales, todos.”

Este refrenamiento es una característica esencial de la obra de Watanabe, y tal vez también entonces parte del espíritu del haiku. Sólo por poner un ejemplo de refrenamiento en la obra de Watanabe, quisiera incluir en este apartado el siguiente poema (3):

ÚLTIMA NOTICIA

Esta es tu última noticia, cuerpo:
una radiografía de tus pulmones, brumas
inquietantes, manchas de musgo sobre la nieve sucia. 

La tierra espera que algún día
todos los órganos, como los perros, la husmeen
buscando la yerba benéfica. Tus pulmones,
entre hojas sedosas,
lucirán sanos y tersos como recién nacidos
y concertarán con un joven buey
el ritmo amplio de tu respiración. Al fondo
habrá un cielo luminoso y ninguna sombra,
sobre todo ninguna sombra aciaga.


II. Tres poemas orientales

Si alguien intentara una antología de poemas orientales escritos originalmente en castellano no debería omitir los tres poemas de José Watanabe que transcribo a continuación.

EL MAESTRO DE KUNG FU

Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco.

Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.

Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.

Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: – él me hace danzar a mí
.  (4)

La poesía contemplativa de Watanabe alcanza para dedicarle un libro, La piedra alada (2005), a ese elemento cotidiano, vivo, la piedra.

JARDÍN JAPONÉS

La piedra
entre la blanca arena rastrillada
no fue traída por la violenta naturaleza.
Fue escogida por el espíritu
de un hombre callado
y colocada,
no en el centro del jardín,
sino desplazada hacia el Este
también por su espíritu. 

No más alta que tu rodilla,
la piedra te pide silencio. Hay tanto ruido
de palabras gesticulantes y arrogantes
que pugnan por representar
sin majestad
las equivocaciones del mundo. 

Tú mira la piedra y aprende: ella
con humildad y discreción,
en la luz flotante de la tarde,
representa
una montaña. (5)

A José Watanabe, ya lo hemos dicho, le gustaba la pintura. En su obra poética son mencionados Magritte, Modigliani, Chagall, Goya y Edward Munch, además de Ansel Adams y George Segal, que también eran artistas gráficos. En su último libro, Watanabe incluyó el siguiente poema sobre un grabado erótico de Hokusai: 

LOS AMANTES

Abundantes ropas envuelven a los amantes,
sólo un hombro o un muslo están desnudos como pulpas
de luz
y los sexos en su quieta fiereza.

 Si el acoplamiento es inmóvil, las sedas de las ropas
no dejan de ondular. Las telas,
delicadamente estampadas
con menudas flores de una primavera geométrica,
se deslizan por toda la esterilla, avanzando
y acumulándose en pliegues breves y rápidos. 

Si la luz de la carne es blanca,
las sedas fluyen como un río de varia coloración, un río
que se desprende del cuerpo de los amantes
que, cerrados al mundo, ignoran
cómo se agitan esas pequeñas flores rojas. (6)

"Los Amantes" Hokusai

 

III. Palabras finales:

En la primera entrega recorrimos la presencia del haiku dentro, o en la raíz de, la obra de José Watanabe. En este segundo encuentro dimos con el “alguito” de japonés de este poeta Nikkei peruano. No espere sin embargo el lector dar con un poeta siempre oriental, desvinculado de su cotidianeidad peruana.

Es de Darío Jaramillo Agudello, nuevamente, la mirada abarcadora: “Universos poéticos de Watanabe. Enumero bajo el riesgo, que admito, de las omisiones: la geografía de su pueblo, la familia: la madre, el padre, los hermanos, las hermanas que circulan por estos versos como sus habitantes más propios. El cuerpo, el propio cuerpo, el cuerpo del amor, el cuerpo de la muerte. La partes del cuerpo, la cabeza, las manos, los ojos, las orejas, la boca, las partes dentro del cuerpo, como la sangre. Las funciones del cuerpo, la digestión, la deyección, la locomoción, la visión, la copulación. El yo y el cuerpo, el cuerpo de los otros.” (7) También los tres reinos de la naturaleza: animales, ranitas, piedras, mundo vegetal. Arquitectura, caminos. El ejercicio de glosar escenas evangélicas, o tragedias griegas. Las huellas de Borges en unos poemas dedicados al mito de Asterión. Hasta la poesía misma es nombrada.

Su poesía, y no soy el primero en decirlo, se instala dentro de una tradición hispánica de poesía contemplativa, que tiene cimas en Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, y a gusto de la casa en la tercera y última etapa de Vicente Aleixandre. Nutridos por su entorno inmediato, son también poemas ricos en elementos latinoamericanos. Aquí hemos perseguido un rastro ancestral, una “vocación de silencio” que tiene su reflejo en la palabra austera, un refrenamiento que conduce al “tono sin sobresaltos” de la maravillosa obra poética de José Watanabe (8).

Notas:

(1) José Watanabe, “Elogio del Refrenamiento”, Qué Hacer, 1999, edición en el marco del centenario de la inmigración japonesa al Perú. http://www.discovernikkei.org/en/nikkeialbum/items/2179/  El “Elogio del refrenamiento” al que hacemos referencia es un artículo que, en forma de carta, dedicó José Watanabe a su hija, Issa Watanabe.
(2) “La impureza” apareció en El huso de la palabra, PC, p. 112
(3) “Última noticia” apareció en El huso de la palabra, PC, p. 406
(4) “El Maestro de Kung Fu” apareció en Cosas del cuerpo, PC, p. 210
(5) “Jardín Japonés” apareció en La piedra alada, PC, p. 345
(6) “Los amantes. (Grabado erótico de Hokusai)” apareció en Banderas detrás de la niebla, PC, p. 431.
(7) Jaramillo Agudello, Darío. “Prólogo”. JW-PC, p. 21.
(8) Las palabras entrecomilladas también en Jaramillo Agudello, Darío. “Prólogo”. JW-PC, pp. 9 y l4 respectivamente.

Anuncios

Un comentario en “José Watanabe, poeta Nikkei peruano (Segunda entrega: elogio del refrenamiento)

Escribe aquí tus pensamientos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s