Entrevista a Wagner Bull Sensei

Por Pequeños Universos

Hacia el final del otoño de 2012, Wagner Bull Sensei (6to. dan Aikikai) visitó Argentina e impartió un seminario en el Centro de Difusión del Aikido, organización encabezada por Leonardo Sakanashi Shidoin (5to. dan Aikikai). Con más de cuarenta años de práctica de Aikido, Bull Sensei dirige el Instituto Takemussu en San Pablo, se distingue por ser una de las personas más influyentes en el desarrollo de la disciplina en Sudamérica, ha traducido al portugués valiosos libros de Aikido y ha escrito tres volúmenes propios de singular importancia (reúnen más de 1500 páginas, cientos de fotografías y se han convertido en la obra de artes marciales más vendida de Brasil).

Pequeños Universos participó del seminario y tuvo la oportunidad de dialogar con el maestro brasileño en dos ocasiones. Además del entrevistado y los reporteros, participaron de la entrevista Leonardo Sakanashi Shidoin y Horacio Verdur Sensei, quienes oficiaron de anfitriones. Agradecemos a Wagner Bull Shihan la dedicación incondicional que nos dispensó. También deseamos expresar nuestra gratitud a los anfitriones del Centro de Difusión del Aikido, ya que son ellos quienes hicieron posible, en un clima desenvuelto y cordial, la materialización de la entrevista.

El texto que abordarán los lectores resume las dos horas de conversación registradas el 10 de junio en el vestíbulo de un hotel porteño. Somos conscientes de la extensión del reportaje. Los invitamos a transitar por este valioso material y a dejar comentarios.

¿Qué nos puede decir sobre los comienzos del Aikido en Brasil? ¿Cuál fue su participación en ese desarrollo?
El Aikido ingresó a Brasil sobre el final de los años 50. Había una persona que se llamaba Toshio Kawai, quien no había llegado a practicar mucho Aikido en Japón, pero que sí contaba con una mayor experiencia de práctica de Aikijujitsu. Este hombre tuvo un problema de salud cuando era chico y recurrió a un médico muy famoso en Japón. El médico, conocedor de Aikijujitsu, le enseñó esa disciplina a Toshio Kawai y lo tomó como una suerte de uchideshi. Así, el discípulo aprendió también a hacer los trabajos de masaje japonés y de acupuntura. Concluido ese período, Toshio Kawai emigró a Brasil. Durante aquella época, en nuestro país, no existía ninguno de esos tratamientos. En Japón, su maestro trataba a miembros de la elite social, como por ejemplo ministros y otros funcionarios. De ese modo, el discípulo tuvo contacto con grandes personalidades y desarrolló una condición propia de liderazgo, así como supo educarse en el respeto. En determinado momento, Toshio Kawai comenzó a entrenar Aikido. Viajó a Europa y conoció a Aritomo Murashige, que era un amigo personal de Osensei. Este le enseñó aproximadamente durante un año. El señor Kawai empezó a desarrollar el Aikido en Brasil con la autorización de Murashige. Al mismo tiempo, otro profesor, Nakatani Teru, introdujo el Aikido en Río de Janeiro. Este maestro sí había entrenado en Hombu Dojo, e incluso fue compañero de Tamura Sensei y de Yamada Sensei.

Por lo tanto, básicamente contamos con dos orígenes: las enseñanzas de Toshio Kawai en San Pablo y las de Nakatani Teru en Río de Janeiro. Nakatani era 3er. dan, pero el profesor Kawai fue promovido para 6to. dan y se hizo cargo entonces de la responsabilidad sobre la coordinación del Aikido en Brasil.

Yo comencé a entrenar Aikido en 1969, un mes después del fallecimiento de Osensei. Desafortunadamente, el fundador de la disciplina ya no estaba más. Desde ese tiempo en adelante entrené muchos años en Curitiba, con un alumno del profesor Kawai. Después, también lo hice con otro alumno suyo llamado profesor Ono, que era, como él, especialista en acupuntura y masaje japonés. La historia es muy larga para contarla en una entrevista pero incluye dos grandes influencias más: una, de un pastor sintoísta llamado Massanao Ueno, que fue la persona que me mostró el aspecto –digámoslo así– “espiritual” del Aikido (la conexión de nuestra disciplina con el sintoísmo, la filosofía); y después, cuento con la influencia de Yamada Sensei, del New York Aikikai, que me mostró los movimientos internacionales más conocidos. El Aikido de Brasil fue también muy influenciado por el profesor Yamada. Él nos aportó un salto técnico en lo que atañe a los movimientos.

Ono Sensei Reishin Kawai
Toshio Kawai (derecha) hace entrega del diploma de 7mo. dan a Ono sensei en el año 2006.
ueno sensei shinto
Massanao Ueno sensei con su vestimenta de monje sintoísta.

Actualmente estimo que en Brasil tenemos 6000 o 7000 practicantes de Aikido, poco más o menos. Debe haber unos 400 o 500 dojos en todo el país. Estas cifras son prueba de que hay mucha gente entrenando. En 2006 organizamos un seminario con Doshu Moriteru Ueshiba, del cual participaron 2100 personas. Fue el segundo evento mayor en el mundo en cantidad de asistentes. Todo esto me hace pensar que ahora Brasil tiene todas las condiciones para desarrollar un Aikido de calidad, no solamente técnico sino con la directriz correcta, la que da forma al arte en verdad. Y digo esto porque hay mucha confusión en ese sentido. Durante un tiempo mucha gente no supo con claridad lo que es el Aikido, se conocía poco sobre las ideas del fundador, pero ahora ese panorama ha cambiado. Yo mismo escribí varios libros y traduje otros tantos (textos de Osensei, de su hijo y de su nieto; textos de los principales maestros, e incluso libros afines). Ahora, en Brasil, quien lo desee tiene todo lo necesario para entrenar buen Aikido.

¿Usted reconoce a un solo Sensei como “su maestro”?
No, y hay algunas circunstancias que explican eso. Los maestros no son gente divina, son personas humanas como todos nosotros, que tienen cosas buenas como también malas, y ese es el motivo por el cual ustedes siguen entrenando. A veces, las cosas malas se tornan inconvenientes. Eso me sucedió, por lo menos, con dos maestros. No pude seguir con ellos. En mi interior, desde luego, me veo influenciado por algunos maestros en particular. El profesor Kawai fue quien me mostró la disciplina, me introdujo en ella, me señaló el orden, la formalidad necesaria, tradicional, de la cultura japonesa. Él me transmitió ese sentimiento de Japón, su conducta disciplinada. La cultura japonesa es muy estricta en cuanto a la forma en que se hacen las cosas, y ese es un aprendizaje importante. Su alumno, el profesor Ono, me enseñó la idea de que la práctica de Aikido no debe asociarse ni a la opresión ni a la obligación sino a la amistad, al amor, la gentileza. El profesor Massanao Ueno me mostró que Aikido es un camino para la conexión con las fuerzas universales. No solamente me transmitió las palabras, verdaderamente me hacía sentir eso. Y. Yamada sensei me mostró la parte no solamente política sino, además, el estado de situación del Aikido moderno, cómo se está practicando y cómo va a ser su futuro o en qué hace foco Hombu dojo actualmente. Finalmente, puedo decir que Kato sensei me influenció bastante más recientemente. Él es una persona que sabe muy bien cómo contralar el Ki. Como verán, no puedo decir que una sola persona que fue mi maestro. Fui influenciado por mucha gente, y creo que ahora estoy tratando de hacer lo que yo siento como lo más correcto; ya no estoy más buscando tanto en otras personas lo que se debe hacer sino que busco dentro de mí mismo y correlaciono todo lo que estudié, todo lo que vi. Sin embargo, sigo siendo un alumno. No me considero una persona que sabe Aikido. Sé muchas cosas, pero tengo que aprender muchas otras todavía. Siempre estoy estudiando.

Bull wagner sensei
Wagner Bull Shihan, 6to. dan Aikikai.

Usted es Shihan, lo que equivale a una avanzada graduación. ¿Cuál es su trabajo específico para seguir desarrollándose en la práctica de Aikido?
Bueno, no voy a decir esto para los principiantes sino para los estudiantes avanzados. Después de muchos años entrenando tienen que dejar de confiar en las otras personas. El movimiento de Aikido es el movimiento de la naturaleza. Entonces, el practicante no tiene que hacer algo en particular; la verdad es que el ser humano debería ya hacer Aikido naturalmente, como lo hace una planta, como lo hace un animal salvaje; ellos no necesitan aprender lo que ya saben. Si uno sufre una herida en la mano, probablemente en 20 días estará perfectamente curada. Muchas cosas nos suceden como deben ser, naturalmente. Sin embargo, hay cosas que no logramos hacer de modo natural, porque hemos sido condicionados de forma errada; para hacer frente a eso precisamos entrenar Aikido, para dejar de hacer las cosas contrarias  a la ley de la Gran Naturaleza o Kannagara, como dicen los sintoístas. Últimamente estoy intentando observar cómo esas leyes funcionan en mí, en todas mis situaciones; si estoy haciendo una técnica, procuro no copiar más a nadie y reflexiono sobre cómo la estoy haciendo. Me pregunto: ¿estoy haciendo fuerza? ¿Dónde está el ki? Tengo que buscar la línea de menor resistencia. Si el movimiento se presenta como muy difícil, concluyo entonces que estoy haciendo algo mal. Lo que me guía actualmente es lo siguiente: no importa si el ataque es más o menos fuerte, uno debe poder hacer cualquier técnica si practica tranquilo, si busca sentir la conexión con el compañero, y no hay otra alternativa. Cuando la persona ataca hay una sola respuesta técnica, la correcta, pero ¿cuál es? En este interrogante reside el desafío. De este modo, el entrenamiento consiste en aprender a descubrir cuál es la técnica apropiada para cada situación. Se debe buscar el camino más suave pero más eficiente y, al final, también tiene que ser placentero, tiene que haber alegría en esa respuesta. Entonces uno siente aquí –señala su pecho– la satisfacción por la ejecución de la técnica y dice: “ah, es esto”. No obstante, pienso que esto no es ya algo que debemos aprender sino “reaprender”. Al nacer, deberíamos conservar todos la naturalidad de la que hablo, sin necesidad de estudiar Aikido para alcanzarla. Sin embargo, nuestros antepasados pueden haber hecho cosas negativas, pueden habernos transmitido eso durante la gestación, y a lo largo de nuestra vida nos vemos influenciados por informaciones distorsionadas, llegamos a un cierto punto en que no podemos sentir más. Percibimos algo errado en nosotros, en nuestra salud, en nuestro razonamiento: eso es lo que nos pone en contra de las leyes naturales a las que debemos, en realidad, regresar. El verdadero Aikido, por lo tanto, es un trabajo interior. No recomiendo a los principiantes adentrarse aún en esa búsqueda porque es algo ciertamente difícil de entender. Sin embargo, hay un momento en que se llega a entender. Para mí, el Dojo no es el lugar donde se encuentra el maestro, donde se halla el gurú; es un lugar donde se busca el camino con la colaboración de un líder, una persona carismática que consigue mantener la gente unida, un buen organizador que posibilita que se siga entrenando y que cada estudiante realice su propia búsqueda a través de la práctica. Con todo, a través de la práctica también tenemos que aprender a tolerar los defectos de las personas.

¿Cuál es el límite que quiebra la tolerancia entre maestro y alumno?
Pienso que eso es una cuestión de personalidad de cada uno, del pasado de cada uno; cada persona tiene un límite propio. Hablo de las emociones y del entendimiento. Sin embargo, de buscar una regla diría que, si está habiendo progreso en las partes de esa relación, debe haber tolerancia; y si no hay progreso, la relación puede interrumpirse. Lo mismo puede trasladarse a la vida en general, al comportamiento de una sociedad, al casamiento entre dos personas. Si se progresa en la relación, vamos todos para adelante. Cuando las relaciones empiezan a tirar para atrás, pienso que es hora de revisar las cosas. El problema acontece por los dos lados; no se trata siempre de que el maestro esté equivocado. En la mayoría de los casos, diría, no es el maestro sino el alumno quien yerra. Pero el maestro se equivoca también en la forma que suele dar al vínculo, porque una de las maneras más rápidas de promover cambios en las personas es, por increíble que parezca, haciéndolas sufrir. Creo que por esta razón el cristianismo adopta como ícono de Jesucristo su figura sangrante y crucificada, por el sufrimiento que representa. A veces, los maestros marciales exageran con el aspecto del sufrimiento, y ese exceso lleva al alumno a romper con su maestro. Por todo esto, pienso que el secreto del maestro es ir mezclando sufrimiento con amor, sufrimiento con amor. El maestro logra tener al alumno consigo por muchos años si lo hace fluir, si le va dando sufrimiento y amor en medidas correctas, lo que posibilita el crecimiento. En Japón hay una expresión que dice así: “por favor, tráigame sufrimiento, tráigame problemas”, y la intención que se persigue a través del dicho es que las personas vayan creciendo a partir de eso. Pero más allá de esto que comentamos, la realidad es que también hay maestros con problemas, hay gente que tiene mucho ego, que ambiciona plata y que ha perdido el amor por el Aikido; hay todo un mundo político en Aikido, hay gente muy negativa ejerciendo cargos directivos, por ejemplo. Pero así es la humanidad, no hay mucha opción. ¿Cómo se debe escoger un maestro? Mi respuesta frente a una pregunta semejante es que hace falta tener suerte. Como en la vida, uno tiene que tener algo de suerte para lograrlo.

ying yang¿Qué importancia da usted a la presencia de la mujer en el Aikido? ¿Siente que hay algo distinto entre el hombre y la mujer en cuanto a la práctica, alguna característica que sea propia de alguno de los dos géneros?
La mujer es indispensable en el Aikido porque es parte de la naturaleza. El hombre necesita de la mujer, la mujer necesita del hombre, y esta relación conforma algo importante. Es indispensable que haya mujeres en un Dojo para que se puedan relacionar las energías y los practicantes aprendan a transformar la interrelación en algo positivo, algo que se hace en conjunto. Sin mujeres, Aikido es imposible. Una diferencia que puede resaltarse entre practicantes hombres y practicantes mujeres consiste en que las últimas son más centradas; tenemos dos cerebros, el cerebro del lado derecho y el cerebro del lado izquierdo. El cerebro del lado derecho da más valor a los sentimientos, y el del lado izquierdo valora más la razón, la lógica. El varón suele usar más el lado izquierdo que el derecho, y la mujer suele usar más el lado derecho. Este contraste es el que nos muestra diferentes. Pero plantear todo en términos extremos es malo: un problema práctico, a veces, no puede ser resuelto emocionalmente o tratado emocionalmente. Al mismo tiempo, los hombres que usan exageradamente su lado racional quieren resolver las situaciones sin tomar en cuenta los sentimientos, y eso comporta también un problema. Tiene que haber un balance, un equilibrio que está aquí –Sensei señala un punto situado 2 cm sobre el entrecejo, lo que se conoce como tercer ojo o sexto chakra, llamado Ajna–. Lo relativo a este punto es muy curioso: los chinos creen que allí reside Shen; los japoneses ven allí el lugar de Kami. Entonces, con la idea de equilibrio, tenemos que buscar un balance. La mujer no debe dejarse llevar tanto por los sentimientos exagerados, y el hombre, también buscando este centro, debe atender a su parte emocional. Es indispensable que la mujer tome conciencia de que es un ser más emocional y de que tiene que trabajar en su lógica para no entrar en conflictos y vivir mejor. Y los hombres, igualmente, deben buscar su equilibrio. Prácticamente, con la mujer aprendemos a hacer las cosas de un modo más armónico, se puede entrenar más Nigi Mitama (和御霊), el lado más gentil, y con el hombre podemos entrenar la fuerza, la energía, que es Ara Mitama (荒御霊). Nigi Mitama y Ara Mitama son los dos puntos bajos de este concepto; los puntos más altos son Saki Mitama (幸御魂) y Kushi Mitama (奇御霊), que en definitiva son la misma cosa, sólo que a un nivel más alto. Saki Mitama es un nivel más elevado y Kushi Mitama es aún más elevado. Esas cuatro almas juntas, unas más abajo y otras más arriba, dan el equilibrio que buscamos. Ahí está Dios, y eso es lo que encuentra una persona cuando consigue llegar allí.

¿Es el mismo Dios que consideran otras religiones?
Creo que sí, porque el ser humano es siempre el mismo; lo que cambia es la cultura, pero todos los hombres sienten que deben entrar en contacto con esa fuerza interior a la que llaman Dios. En definitiva, no puede haber diferencias; el hambre no es diferente según los hombres que la padezcan, la sexualidad no es diferente según los colores: blancos, amarillos, si tienen la sensación del hambre o experimentan el deseo sexual, lo hacen del mismo modo. Con el ansia de Dios sucede lo mismo, y por eso hay tanta identidad entre las religiones; si las sometemos a estudio, encontramos que todas dicen más o menos la misma cosa. En occidente verificamos que el cristianismo, el judaísmo y el islamismo proceden de la religión egipcia, y eso les da identidad. En oriente ocurre otro tanto con el taoísmo y el confucianismo, pues estas religiones derivaron del hinduismo. Incluso, creo sinceramente que debe haber habido un contacto entre los hindúes y los egipcios, y que probablemente haya procedencia, entre ambas corrientes, de una fuente sola. Media una distancia grande entre India y Egipto, pero estimo que tuvieron un contacto. Otra teoría consiste en pensar que, naturalmente, pueblos distintos llegaron a una misma conclusión.

Y Aikido, en este sentido, ¿dónde está ubicado? ¿Aikido es religión?
La palabra religión, a mi juicio, está maldita. Cuando la mente se distorsiona, se vuelve egoísta y busca esclavizar y explotar a otros. Con las religiones ha sucedido un poco eso. Con Aikido, en cambio, no ha pasado tanto. Se vio que llamar a la disciplina “religión” significaba un problema. Por eso utilizamos el término “Do”. Aikido es un Do, pero esencialmente también es una religión, sólo que preferimos no decirlo. Estuve discutiendo sobre esto con Kato sensei: “–¡Ah, Kato sensei, Aikido es una religión! –No. –Mas Aikido es una religión. –No. –Pero ¿cómo es posible que no lo sea? –Ah. Si usted dice que nuestra disciplina es una religión, la gente no lo va a entender; lo mejor es declarar lo contrario. Aikido es Aikido, y punto, lo que resulta mejor.”

Luego de reflexionar sobre esa conversación comprendí que Kato sensei tiene razón. Si realmente entendemos lo que es una religión, podemos incluir a Aikido en esa órbita. Si no lo comprendemos claramente, entonces es mejor considerarlo aparte, separado.

Osensei ha afirmado que Aikido está en la base de todas las religiones. ¿Qué opina de esto?
Es verdad, y también Aikido está basado en todo lo que las otras religiones tienen. Esa base consiste en percibir el movimiento universal, apreciar cómo las fuerzas interactúan con el hombre; debemos venerar esas fuerzas y seguirlas; o sea, debemos amar a Dios por sobre todas las cosas, debemos amar lo que nos rodea como a nosotros mismos. Son grandes mandamientos como los de Jesucristo, y eso es Aikido. Ate musubi, yoko musubi –Sensei mueve su brazo vertical y horizontalmente–, es lo que hacemos todo el tiempo cuando efectuamos las técnicas. En todo momento estamos haciendo la cruz.

Budo UeshibaSabemos que usted cuenta con una biblioteca muy importante sobre Aikido y temas orientales. ¿Existe algún libro de cabecera o que considere sumamente importante para la práctica?
Durante mucho tiempo no lo hubo. Intenté hacer algo semejante cuando escribí mis tres libros. Recolecté toda la información disponible y la compilé en un volumen. Eso, digamos, era mi libro de cabecera personal. Se trataba de un trabajo enciclopédico. Lo realicé cerca de 2002 y ya pasaron 11 años, tiempo suficiente como para hacer una buena revisión, pues hay muchos contenidos que no se incluyen en los textos (aspectos que pueden mejorarse y cuestiones que percibí después). Las consideraciones que reuní allí, si a eso se refieren, podrían conformar un buen libro de cabecera para aquellos que desean estudiar Aikido. Sin embargo, si leen el libro que escribió Osensei, Budō, en 1935, encontrarán allí escrito todo lo importante. Lo mismo ocurre con los dōka (1) de Osensei, con sus poemas. Eso sí, puede que el lector que los enfrente no entienda nada. Por eso, pienso que se debe leer de todo y hacer lo que yo hice: leí toda clase de textos y después escribí algo propio. No hay un libro de cabecera. Escribí mis libros cuando todavía no me había dado cuenta de un sinnúmero de cosas. Todo lo que se habla, todo lo que se dice, en realidad, está equivocado o es incompleto; incluso cuando se enseña se reproduce una equivocación. Debido a esto, muchos maestros prefieren callar, prefieren que el silencio enseñe. Afortunadamente, también hay gente que, como yo, no piensa así. Hay gente que habla, que escribe, como ustedes con su blog. No nos quedamos quietos, pero tenemos conciencia de que algunas cosas que decimos son erróneas. Por todo esto, por favor, escuchen lo que digo pero no piensen que es la verdad: tienen que dudar. Afirmar esto es lo mejor que puedo hacer, por honestidad.

¿Qué recuerda del momento en que conoció a Sakanashi Masafumi Shihan?
En la decada del ‘70 conocí a Yamaguchi Sensei. Como les contaba anteriormente, en Brasil, las personas que iniciaron la práctica de Aikido no tenían una extraordinaria experiencia. Nakatani Sensei, por ejemplo, poseía experiencia pero, técnicamente hablando, no podía compararse con los grandes maestros de Japón. Cuando vimos a Yamaguchi Sensei quedamos como locos, porque se desplazaba lentamente y nos inmovilizaba, nos hacía cosas que no comprendíamos. “¿Qué cosas eran esas?” –nos quedábamos pensando. ¿Cómo podía retener con un dedo a un hombre fuerte? En Brasil sucedió eso. Después, también ocurrió en Argentina. Existe un video en el que Tani sensei, quien es ahora Secretario General de Hombu Dojo, y Sakanashi Sensei fueron uke. Eso era una maravilla, algo único para nosotros pues, en aquel tiempo, resultaba difícil viajar para entrenar solamente; no teníamos dinero para hacer eso ni imaginábamos ir a Japón detrás de Yamaguchi Sensei. También la gente tenía otros proyectos. Aikido no era entonces tan importante para mí como lo es hoy. Coloqué la disciplina como foco de mi vida y quedó la línea, como algo mágico. En cierto momento estaba ayudando a Yamada Sensei a organizar la Federación Latinoamericana de Aikido y organizamos una reunión en Perú. Esa fue la primera vez que vi a Sakanashi Sensei. Él dio la clase y después, claro, yo fui a presentar a Brasil, pero de repente estaba él haciendo técnicas con sus alumnos y presté atención a los movimientos. “¿Qué es eso? –me dije. ¡Yo vi a Yamaguchi Sensei hacer aquello! ¡Este tipo también sabe hacerlo!” Entonces traté de aproximarme a él y lo invité a Brasil. Por fin fue a Brasil por primera vez y realmente confirmó lo que yo tenía en mente con respecto a él, las cosas que yo había visto hacer a Yamaguchi Sensei y sentido con aquel maestro. Sin embargo, no participé como alumno en esa ocasión porque estaba tratando de crear una Federación y estaba involucrado en la política de la disciplina. Hubiese resultado extraño que adoptara esa condición, pues estaría llevando una federación argentina para tomar control de la federación brasileña (se habría interpretado eso). Pude explicárselo y continuamos nuestra relación como amigos. Él fue enseñándome lo que yo le preguntaba y lo invité muchas veces a Brasil; del mismo modo, siempre que pude vine a la Argentina, y así desarrollamos nuestra relación.

Sakanashi Bull
Bull sensei junto a su amigo y compañero Masafumi Sakanashi Shihan.

En otra ocasión, Leonardo Sakanashi, que era chiquito y practicaba Aikido, se hizo amigo de uno de mis hijos, que también practicaba, de modo que acabamos teniendo una relación familiar con Sakanashi Sensei, y al final éramos como socios. También surgieron por entonces muchos problemas políticos, locales y regionales. Sakanashi Sensei y yo siempre estábamos invitando a compañeros, resolviendo cosas juntos, haciendo seminarios juntos; él me ayudaba a mí y yo lo ayudaba a él. Se convirtió en un gran amigo y construimos una relación muy especial. Creamos finalmente la AIC (Aikido International Club), y Sakanashi Sensei era una pieza fundamental en la asociación, no solamente por su Aikido sino por su carisma, por su conocimiento, por la gran cantidad de alumnos que tenía, por su Dojo. La idea de este club latinoamericano es reubicar la política en el contexto de la disciplina; vale decir, desplazarla de un lugar prioritario a un lugar secundario. Su objetivo es reunir gente, una vez por año, en algún país. La organización no tiene una sede; la sede es la ciudad escogida en cada oportunidad, como sucede con las olimpiadas. Hay un presidente y un secretario que ayudan a que la entidad no se disuelva; no obstante, se procura no ejercer ninguna influencia política y se favorece que las cosas acontezcan de un modo natural. Por ejemplo, lo que pasó en Brasil, que yo les contaba, durante la época en que quise estudiar con Sakanashi sensei, en el marco de este club no sucede: no se establece ninguna dependencia; es una gran idea este club. Me gustaría que difundan el propósito de este club en esta entrevista. Ojalá sea bien comprendido, pues en adelante va a ser muy bueno para que la gente tenga la oportunidad de relacionarse, de compartir y, realmente, de disfrutar lo mejor que tiene Aikido, que es la cooperación, la amistad y la sinergia.

Queremos retomar un poco la entrevista que le hizo Horacio Verdur Sensei en 2005. En aquella ocasión, usted explicaba lo que es Kannagara y afirmaba que “el pensamiento obstruye y dificulta al hombre la percepción de la realidad tal como es”. ¿Cómo puede existir para nosotros algo que está fuera del pensamiento? ¿Qué significa que se lo perciba “tal como es”?
¿Cómo funciona su cuerpo ahora?

No sé.
Según los médicos, el corazón está latiendo, la sangre circula por cada vena. Los médicos lo explican, el pensamiento lo explica. Su respuesta es “no sé”, ¿pero cómo es que no sabe si está todo funcionando ahí? Hay un líder allí. ¿Concuerda conmigo? De lo contrario, esos átomos no estarían unidos y trabajando en armonía; sin embargo, no es el pensamiento lo que allí gobierna. Cuando usted hace intervenir el pensamiento, esconde las cosas, porque hace foco a través de él. El pensamiento obstruye la posibilidad de percibir la verdad, el Kannagara. El Kannagara es el río de la vida, el flujo vital. Pongamos su cuerpo como ejemplo: circulación, movimiento; digamos que eso es un pequeño Kannagara. El universo es el gran Kannagara. Si usted se pone a pensar acá, ¡ah!, usted se olvida de lo otro. Usted piensa aquí, está sintiendo bien la punta –toma el dedo de uno de los reporteros–; bueno, ahora su dedo derecho –apreta su dedo derecho por debajo­–, sienta su dedo derecho aquí; usted se olvidó ahora del punto inicial de contacto, mire. Ja ja, así es el pensamiento. Pero un punto y otro están ahí, ambos, y cuando usted piensa ya los perdió. El pensamiento es una tentativa científica, un modo de mirar las cosas que obtiene del todo, pero que aísla en partes y analiza alguna en particular. Sin embargo, cuando hacemos eso perdemos la visión del conjunto. Y el conjunto no es la sumatoria de las partes. La ciencia está disociada de la religión, y ese es el problema. El hombre tiende a ampliar el pensamiento; todo su trabajo consiste en ampliar el pensamiento para llegar al centro que controla todo, aunque lamentablemente eso no es posible. Usted puede pensar, pero también es posible para usted sentir. Entonces, él me toma –Verdur Sensei sujeta la muñeca de Bull sensei– y yo pienso cómo voy a desequilibrarlo (voy a atacar aquí y luego voy a hacer la técnica de este modo) pero, en definitiva, no hago nada. En cambio, si no pienso, simplemente hago aquello o alguna otra cosa y, sin embargo, algo sale. En este último caso, estoy conectándome con un centro que no está en el pensamiento. Todo el trabajo radica en no pensar y en entrar en resonancia, como una cuerda que se toca aquí y que hace vibrar a otra. Usted tiene que entrar en resonancia con ese centro; ahí, si usted está en la verdad, la verdad es ese centro.

¿Es Dios?
Ese es el nombre que algunos le dieron. Otros dicen Gran Naturaleza; otros, Tupá; otros, Alá. Pónganle el nombre que quieran. Lao Tse fue más inteligente y dice “el Tao que puede ser nombrado no es Tao”, porque si se lo nombra ya se incurre en un error.

En aquella entrevista de 2005, usted también comentaba que, a diferencia del Zen, Aikido junta y no vacía. En Zen, metafóricamente hablando, se vacía la taza; en Aikido, según su visión, hay que agrandar la taza para que entre más contenido, y es posible utilizar el pensamiento también.
Voy a explicarlo mejor. El propósito del Zen y el propósito del Aikido coinciden, pero vayamos a la práctica. Durante las clases somos todos alumnos, ninguno es maestro. Alguien que practica Zen, que busca el vacío, no quiere nada, no se interesa por nada, compra una ropa amarilla y se queda pensando y diciendo mantras por ahí, se torna una persona que no es útil y que no ayuda a los otros. ¿Qué hacen realmente de bueno los miles de pastores que existen? ¿Será que es mejor una persona en el campo sembrando arroz? ¿Será que esa persona está haciendo un trabajo más provechoso que alguien que permanece orando y mirando desde otro lugar? Creo, personalmente, que sí. Dicen que Osensei fue hacia Iwama a cultivar plantas porque vio que la gente estaba necesitando comida; entonces, había que producir alimentos. Prefiero más un empresario que trabaja, produce, hace cosas, a alguien que todo el tiempo canta mantras. Como ven, la idea de vaciar y vaciar no me gusta; me gusta más, en cambio, la idea de “juntar las cosas”, de hacer, porque eso produce sinergia. Algo semejante intentamos lograr con el AIC (Aikido International Club): reunimos gente, hacemos cosas, no nos quedamos aislados; la idea de Aikido es esa. Aikido no es un entrenamiento individual, es una práctica que hacemos todos juntos. De ahí que Aikido y Zen contrasten en un punto: el entrenamiento es diferente. No obstante, el objetivo de alcanzar la unidad es compartido por las dos prácticas. Eso diferencia también al Budismo hindú del japonés. En Japón existe la idea de que hay un emperador y una nación, y de que todos trabajan juntos, como una gran familia, para producir. Por eso el individuo japonés es tan fuerte, por eso los norteamericanos necesitaron arrojarles una bomba atómica, porque no estaba en su cultura la vocación de entregarse sino la de mantenerse unidos más allá de las consecuencias. Pero para convivir hay que tener un espíritu de armonía. El Aiki, que es lo que practicamos comúnmente cuando el compañero nos toma –Verdur Sensei lo sujeta–, tiene que ver con esto. Él está ahí, con su ataque, y no vamos a conectarnos; yo tengo que sentir su espíritu y combinarme con él, conectar con él. En el momento en que yo logro eso, entonces sí podemos hacer algo: es ahí cuando sucede la técnica, ese es el momento del Aikido. Estamos aquí juntos. Ustedes tratan de expresar su idea, yo propongo la mía propia y vamos generando más ideas. Esto es lo bonito de la vida. ¿Llamaré a esto Dios? Que cada uno decida. Aikido es un entrenamiento superador. Lo que afirmo no quiere decir que el Zen no sea importante, claro que lo es. Su práctica estimula para no confiar tanto en la mente. Antes de empezar el entrenamiento de Aikido tenemos que hacer mokuso. ¿Qué es mokuso? Básicamente, es poner en práctica la misma idea del Zen (no la idea del abandono sino la de “percibir todo”).

Habíamos quedado en que, en el Aikido, a diferencia del zen, había que agrandar la taza en vez de vaciarla. Ahora bien, usted también dice que el pensamiento tiene que estar inmerso dentro de la práctica. Pero, por otro lado, a la vez, hay que dejarlo a un lado, no eliminarlo, porque es natural para el hombre el pensamiento, pero sí darle menos importancia, al mismo tiempo que hay que incluirlo. ¿Cómo sería eso, para terminar de entenderlo?
Cuando uno tiene que hacer algo, piensa “¿cómo voy a hacer esto?” Frente a ese interrogante surge una respuesta interna. Uno se responde “voy a hacer esto así”. Eso es un pensamiento, un sentimiento que se tiene sobre cómo hacer algo determinado. Pero, de pronto, a uno le gustaría hacerlo de otra manera; entonces, “lo quiero realizar así” porque de tal modo lo dicen mis sentimientos. Por lo tanto, cambio un poco la manera de hacerlo. O sea que uno puede usar el pensamiento, pero considerando, además, sus sentimientos. No sólo se debe tomar la decisión por lo racional, pues en ese caso se va a tener en contra la decisión interior. En resumen, uno no puede decidir las cosas sin tener conexión con el todo.

Bull
Shihan Wagner Bull en Aterro do Flamengo. Rio de Janeiro. Brasil.

En un momento usted dice, también, que la realidad es ilógica y, en ese sentido, ¿dónde entra, entonces, lo racional?
Lo racional también es ilógico, por eso no se puede decidir solamente teniendo en cuenta lo racional. Los seres humanos, como dije anteriormente, tienen dos cerebros: el del lado derecho y el del lado izquierdo. El del lado izquierdo es la parte racional, el del lado derecho es la parte intuitiva que tenemos, el contacto que establecemos con Dios. Entonces, cuando yo decido racionalmente sobre algo, siempre lo decido con una parte; usted, para pensar, divide; no consigue pensar globalmente. Si usted quiere pensar en este lápiz, piense en el lápiz: está ahí, y se perdió del resto. Cuando usted enfoca algo, se pierde del resto. Pero la realidad no es racional, porque no puede enfocarse en una cosa. No se puede pensar en la realidad, porque el pensamiento usa algunos “bytes” del cerebro, pero puede cambiar. Abre un programa, abre otro programa, pero… Hay un programa en el que está todo: el hecho de que una persona se puede casar, el trato que sostiene con los socios, la información sobre qué tiene que comer, cómo camina, dónde vive. Hay un programa donde está todo eso contemplado. Ese programa se llama Kannagara, la ley de dios. Pero el pensamiento no consigue llegar hasta ahí y, por eso, uno hace recortes. Entonces, se tienen cinco programas. De este modo, la lógica sólo existe parcialmente. Algo puede ser cierto y errado al mismo tiempo. No puede ser, ¿no? La lógica no lo permite: o es correcto o está errado, sí o no, no hay “sí-no”. Pero la realidad, a fin de cuentas, es “sí-no”. Ustedes, ahora, ¿están muriendo o están naciendo?

No sabemos.
Están muriendo, pero están naciendo también. Tienen una opción. Entonces, el pensamiento es una opción. Sin embargo, la realidad es una paradoja. El pensamiento quiere aislar. Ok, permitan que aísle, pero hay que tener en cuenta que, desde ese momento, se salió de la realidad.

¿Y cómo es posible ver el todo? ¿Cómo se ve kannagara? ¿Cómo se siente kannagara?
Hay que intuir. Es algo que transciende la lógica. Los chinos dicen que esta aquí, en el tercer ojo. ¿Cómo vive usted? Usted toma todas las decisiones que debe, hay un centro que las toma y no se piensa sobre eso; usted no consigue racionalmente pensar sobre cada decisión, pero existe ese centro, aunque no tenga consciencia de él. Entonces, una de las cosas que usted puede hacer es intentar tener conocimiento de ese punto, pero no pensar sobre ese centro sino sentirlo. Cuando el pensamiento quiere alguna cosa, hasta cierto límite, usted puede ir contra ese centro, pero no mucho; si se va mucho en su contra, el todo le cobra.

Bueno, “¿Qué debo hacer ahora? Ah… Eso, sí. Pero me gustaría hacer esto otro. Bueno, un poquito de esto puedo hacer, pero ¿hasta cuándo?” Usted tiene que sentir esto, lo que tiene que hacer o no debe hacer; usted tiene que saber sobre todo esto naturalmente. Por ejemplo: ¿su madre está viva?

Sí.
¿Su padre esta vivo, también?

Sí.
¿Tienen ellos alguna propiedad, alguna cosa de valor?

Sí.
¿Sí? ¿Por qué no los mata y se queda con la propiedad? (risas) Lógico, esto que digo es algo lógico. Si los mata, se queda con la plata y puede gastarla a su antojo. No necesita tanto, en particular, de su padre y de su madre para vivir. Pero algo dentro de usted dice que eso, en realidad, no es tan lógico. Por fin, no lleva a cabo ese plan por la lógica, porque, en definitiva, no hay lógica. ¿Qué edades tienen su padre y su madre?

Tienen 62 años.
Bueno, digamos que pueden llegar a vivir 20 años más (risas). Pero, ¿cuál es el problema para usted? Usted sabe que no tiene que deshacerse de ellos. Por eso, digo, hay algo dentro de usted que le dice lo que es correcto y lo que está errado.

¿Y esa es la verdad, en sí?
Sí, aunque depende también de otros factores. Puede ser que usted sea neurótico. También puede pasar eso. Su sentimiento, a veces, es neurótico; entonces, ahí no sirve del mismo modo la percepción. Hay que buscar el sentimiento verdadero, común, para adentrarse en el kannagara. ¿Dónde entra la práctica de Aikido ahí? La práctica se trata de hacer una metáfora. Por ejemplo, usted pone su mano ahí (el cronista de Pequeños Universos realiza un katatedori). Para poder moverlo, yo tengo que intuir dónde está (Sensei WB le toma el centro al cronista). Pero, para poder hacer eso tengo que sentir, y sentir no es algo racional. Si hago intervenir lo racional, ¿cómo voy a lograr moverlo?

Y la razón traba el sentir…
Lo traba, porque la razón es parcial. Procurando sentir, no pensar, usted empieza a lograr una nueva forma de abordar las cosas, que crea para usted una metáfora, y puede utilizar ese recurso, incluso, en otros contextos. El Chavo del 8, el personaje de la televisión, dice “sin querer queriendo”. Eso es una paradoja. La lógica “yo quiero, yo quiero” no coincide con la realidad. El pensamiento está fuera de la realidad. Por eso, toda creación humana más allá del pensamiento no funciona. Cualquier idealismo no funciona, porque el idealismo no existe, es algo del pensamiento. El comunismo no funciona, el capitalismo no funciona.

Y, aunque se accione, ¿eso no funciona?
No, si es una idea desasociada del sentimiento, no va a funcionar; pero lo ideal es tener un sentimiento y usar la razón para realizar ese sentimiento. Eso es bueno. Cuando se usa la razón, tiene que estar al servicio del sentimiento, no en contra.

Así y todo, la práctica constante física de Aikido es indispensable; digo, uno puede pensar, leer, estudiar filosofía, pero si no practica…
Claro. Todo lo que haga, en ese caso, no sirve para nada. Por eso, por ejemplo, a una persona que va a la universidad y estudia para ser ingeniero, médico o abogado, no le van a dar nada, no la van a valorar si carece de esto que mencionamos. ¿Por qué?

Por su falta de experiencia.
Porque lo que conoce son teorías, y las teorías, a secas, no sirven para nada. Pero, cuando se ponen en acción, ahí sí sirven. Las teorías tienen un camino corto. Son como consejos: usted va a hacer algo, yo lo aconsejo; bueno, eso es la teoría, un consejero.

¿Pero no hace más amplia la visión, también?
No, no la amplía. Deja el cerebro funcionando mejor. Se aprende un vocabulario que sirve para expresarse mejor y, también, mejora el funcionamiento del lado izquierdo del cerebro; pero si no interviene el sentimiento, en definitiva, la teoría no va a funcionar. Porque el lado izquierdo del cerebro no tiene los “bytes” suficientes para todo. Quizás algún día haya una computadora que pueda hacer todo, pero el ser humano, en principio, no puede. Porque tenemos el inconsciente, que es mayor que el consciente. ¿Dónde podemos encontrar al inconsciente? En los sueños, en sus actitudes; o sea, que si uno se filma en el día a día, va a aprender muchas cosas sobre uno mismo. Lo que está en el plano inconsciente muestra lo que no podemos ver de nosotros mismos en el plano consciente. Por eso, usted piensa “¿quién soy yo?” Usted piensa que es una persona con una característica determinada, pero es el único que lo piensa de ese modo. Sus amigos, tal vez, saben más sobre quién es usted. El problema es que los amigos también lo ven desde su propio concepto. Está lo que usted piensa que es, lo que sus amigos piensan que es y lo que realmente es. Pero tiene que saber quién es usted verdaderamente.
Si, por ejemplo, le pregunto para qué está haciendo el sitio Pequeños Universos. ¿Cuál es la verdadera razón que lo lleva a hacer eso?

Hago Pequeños Universos para difundir algo que me gusta y que creo valioso. Deseo que otros conozcan lo que me gusta.
¿Y para qué, en definitiva, quiere difundir?

Porque, si a mí me genera felicidad, a otro quizás también pueda sucederle lo mismo.
¿Y por qué es importante que el otro sea feliz? ¿Y si usted analiza a fondo el porqué de eso? Es porque usted quiere ser reconocido. ¿Y porque nosotros tenemos necesidad de ser reconocidos?
Veamos qué ocurre cuando la persona nace, y esta es una teoría mía. El feto está cómodo. De repente, la madre gira y siente dolor. Comienza a percibir que, dependiendo de su comportamiento, va a sentir dolor o placer. Entonces, cuando sucede el nacimiento, debe ser una cosa terrible, debe sentirse ese hecho como un trauma; se estaba tan bien dentro de la madre, oscuro, tranquilo, no se necesitaba masticar para comer y, de pronto, se nace. Debe ser horrible. El bebé piensa que eso es culpa de él, “debo haber hecho algo mal.” Y después imagina que las cosas malas que le suceden son porque él está haciendo algo mal. Entonces, la situación que describo genera un sentimiento de culpa en la persona. La persona se siente culpable. Y después viene la educación, la crianza. “Lo que yo deseo no puedo hacerlo.” Hay una cultura que ciñe la crianza, no deja a la crianza hacer lo que quiere. Como decía, se va desarrollando un sentimiento de culpa del que no podemos huir. Esos sentimientos de culpa nos hacen sentir que hay alguien superior, y comenzamos a desarrollar un sentimiento de inferioridad. Uno empieza a hacer cosas para poder superarse, para sentirse bien. Entonces, ¿qué ha hecho moviendo todo eso? Básicamente, la mayoría de las iniciativas acontecen por este motivo, por la culpa y por el sentimiento de inferioridad, por el miedo. ¿Por qué el hombre salió de la caverna? ¿Por qué comenzó a pensar, a construir cosas? ¿Por miedo? ¿Por el sentimiento de inferioridad? ¿Por qué la personas quieren ser políticos, artistas, famosos? ¿Por qué nosotros somos así? ¿Por qué la Iglesia llama a esto pecado original? No nacemos en pecado; por eso, tenemos que desarrollar esa teoría. Este pecado, que en mi visión es el sentimiento de inferioridad, nos hace desconfiar de nuestros sentimientos, de nuestra intuición. De este modo es que llegamos a pensar sobre qué hacer para salir de eso. Cada uno crea alguna cosa y, por tal motivo, usted tiene ese mundo ahí; pero ese mundo es un mundo loco.

¿Es como nacer condenado?
Sí, el hombre nace condenado. Y tiene toda su vida para intentar salir de esa condena. Alguno lo consigue, si logra abrirse y ver esto; así es como un individuo logra reacondicionarse. Usted se condicionó a algo. Por ejemplo, así es como usted ve “rojo”: de repente, vio que mataron a su perrito y que le salía sangre roja; por eso, toda vez que usted ve rojo se siente mal. Por fin, en un momento en que se repite esa condición, se dice “¿por qué estoy con este sentimiento?” “¿Porque estoy pensando que el rojo es la sangre de mi perrito?” No debo reaccionar más así. Entonces, un día ve “rojo” y sólo ve rojo, no va a ver sangre.

¿Es reeducar?
Es reacondicionar. En la medida en que usted -ese es el pensamiento de Freud- consigue con el cerebro repetir las experiencias, pero con otra visión, se reacondiciona; entonces puede quedar libre de innumerables obstáculos. Si no, vive la vida entera repitiendo un patrón de mucha sangre, y muere así.

¿Qué tratamos de hacer nosotros con Aikido? ¿Por qué practicar Aikido? Justamente para intentar salir de esta condena. Ansiamos no ver las cosas con nuestros condicionamientos, si no por lo que verdaderamente son. Por ejemplo, si yo hago así (katatedori), usted resiste, es un condicionamiento (risas). No es la manera más inteligente de reaccionar, en cualquier momento en que usted se resiste yo puedo sacarlo afuera. Empuje, ¿ve? (me deja pasar). Entonces, cuando usted practica Aikido, empieza a cambiar sus condicionamientos de una manera más fluida, más natural, más flexible. Se acumula menos la idea de seguir los condicionamientos y más la de estar atento a lo que el momento exige. Eso va cambiando, primero. En segundo lugar, otro factor importante es algo mecánico: esos condicionamientos provocan contracciones en el cuerpo y usted se queda estancado a partir de ellos. Normalmente, aquí, en la espalda, en la garganta, donde la gente dice que tiene chakras, normalmente esos puntos son donde se concentran las contracciones. Por eso, es que pocas personas son así, como el faraón (se sienta en la silla realmente derecho); todo el mundo debería ser así, con esta postura. Pero uno está de este otro modo (se encorva para un costado y luego para el otro); otro esta así; otro, así. Mire la postura de la gente. Cada uno… Mire a ese señor, está claro que tuerce la espalda en la parte superior. Eso es distorsión, totalmente. Está colocando la tensión toda aquí, su culpa esta aquí. Por ejemplo, esa señora que estamos viendo: con ella sucede lo mismo. Ella lo colocó ahí abajo, pero eso no es natural, eso lo construyó, porque concentró allí la energía. Entonces, el ki queda estancado en distintos puntos. El ki fluye, donde está estancado puede también fluir. Cuando hacemos ikkyo, nikkyo, sankkyo, donde usted está obstruido, el ki comienza a circular, y el ki circulando alimenta este centro (se toca el tercer ojo). Entonces, usted comienza a tener más poder, como un coche que se lubrica más y anda mejor. Es una cuestión física también, no es solamente algo psicológico.

Y busca retornar a su condición original. Esa condición original, que es su estado de equilibrio, sería, me imagino, el equilibrio que está en el tercer ojo. ¿Cuál es, en suma, esa condición?
Esta condición de la que hablamos es sentirse libre. Sin ninguna timidez, sin ningún miedo, tranquilo, sereno, la energía fluye y usted decide por lo que siente. Y su pensamiento está alineado con este sentimiento. Cuando se tiene miedo, el ki queda estancado. Pero eso, ¿en qué nos consuela? En que no somos los únicos; prácticamente, todos son así; eso da un poco de consuelo. La regla es ser esclavo; entonces, solamente existen algunos pocos iluminados que escapan de esto.

Volviendo al tema de las técnicas, por esto que estaba diciendo, ¿cómo hago yo para atravesar mis miedos; o sea, para superar mis miedos, más que nada en la práctica? Es decir, ¿cómo hago con el Aikido para poder vencer mis temores?
Tiene que enfrentarlos. Por eso, Sakanashi Shihan nombró uno de sus libros con la frase “el desafío del conflicto”. Por eso, Osensei afirmó “masakatsu agatsu”: la verdadera victoria es la de usted consigo mismo. Su gran enemigo es usted. Tiene que derrotarse a usted. Ahora, ¿cómo va a vencer eso? Cada uno tiene que buscarlo, es una lucha, no hay una sola forma. Digamos, hay un dharma, hay un camino. Aikido es un camino. Pero, porque hay un dharma, no quiere decir que todas las personas van a seguir ese dharma. Algunos lo consiguen, otros no. Pero lo que yo percibí es lo siguiente: toda la gente que practica Aikido mejora. Es una herramienta muy útil, que ayuda mucho, sin ninguna duda.

¿Mejora porque la disciplina la mejora o porque la persona quiere cambiar?
Mejora por varias razones. Primero, porque la gente que practica aprende a no resistir. Si uno aprende a no resistir, ya es un gran logro el que se alcanza. No resisto. Es fácil. En segundo lugar está el elemento mecánico. Cuando recibo el “no”, la tensión se estanca, el ki se estanca. La energía es generada, no pensemos que en un conflicto necesariamente malo, no. Para que haya energía, es necesario el conflicto. Uno no produce energía así (gesticulando las manos casi sin movimientos). Para hacer fuego, tiene que rozar una contra otra, de esta manera (gesticulando con las palmas el rozamiento). Haciendo esto, se obtiene la energía. De esta manera, el conflicto no es algo malo; por el contrario, es algo bueno. Gracias al conflicto es que hay producción. Por eso, cuando se va a abrir una compañía, la ley exige solamente dos socios. Antiguamente, pasaba que el socio decía “no vamos a hacer eso”, “qué complicado este socio, voy a hacer esto otro”. Frente a todo lo que quiero hacer, mi socio se pone en contra. O la esposa de uno puede decir: “quiero hacer esto”, “no, no vas a hacerlo”, “¿cómo que no?” Pelea, pelea. Mi mujer nunca concuerda conmigo, mi socio tampoco. Gracias a Dios que es así, porque, en esa oposición, se va a crear lo correcto; el conflicto es indispensable para la creación. Pero, ¿dónde reside el desafío del conflicto? Ese desafío consiste en no permitir que el conflicto sea destructivo, sino constructivo.

Esto también ocurre con el tiempo. Por ejemplo, usted, (dirigiéndose a uno de los cronistas de Pequeños Universos, que estaba sentado torcido), cambie la postura, abra el pecho, ponga derecha la columna, levante la cabeza; ahí, ya cambió, ya se está sintiendo diferente. Le incomoda su postura, y eso es porque hay una resistencia en usted. Ahora, con el cambio, es otra persona. Vuelva a la postura anterior, ahí, es otra cosa. Hay que comenzar a percibir cómo el ki nos hace pensar equivocadamente. En Aikido, usted puede empezar a percibir eso más claramente porque, si no, no logra hacer la técnica. Entonces, el entrenamiento es eso: tengo que sentir su energía, tengo que sentir la mía para controlarlo. Es claro que eso me ayuda… Estoy aquí con ustedes, pero los estoy sintiendo, yo siento cómo ustedes se están sintiendo, puedo sentirlo. ¿Entienden lo que digo? Gracias al Aikido, con el tiempo, se va desarrollando la capacidad de sentir la energía del otro cuando está presente.

Para concluir, no sé si le gustaría hablar de un mensaje, de un consejo que, tal vez, le agradaría dejar. O quizás, pensando en lo que hablábamos anteriormente, en el motivo por el cual uno hace todo lo que hace, si la raíz de la acción es un sentimiento de inferioridad, una vez que uno se realiza, ¿dejaría de actuar? De acuerdo con esta lógica, no necesitaría hacerlo. No necesitaría difundir la práctica o no necesitaría hacer un blog. ¿Qué opina?
En el momento en que usted aprende Aikido, no necesita más hacer Aikido. Puede hacerlo por compasión hacia los otros.

O puedo hacerlo porque, simplemente, me gusta. ¿No es así?
Bueno, tal vez sí, porque a uno le gusta, por mero placer. Lo que pasa es lo siguiente: si algo se queda parado, comienza a acumularse; con el ki sucede lo mismo. Entonces, es bueno que usted practique siempre. No necesita hacer exactamente Aikido, puede hacer otros ejercicios. Pero, en la práctica, la verdad es que nadie logra aprender Aikido completamente. Yo no conocí aún a ningún individuo que sea totalmente libre. Usted mejora, pero sabe que hay un camino para recorrer; entonces, nunca para, porque sigue hasta la muerte en esa búsqueda. Incluso a Osensei le preguntaron cuándo había sido su mejor momento. Y él respondió: “todavía no sucedió.” Le preguntaron cuándo iba a suceder y él respondió “un segundo antes de morir.” O sea, Osensei, también, sabía que no sabía. Por eso, no hay final en la búsqueda; por eso, la búsqueda es “do”. Es un camino, en el que la perfección está al final. Allí está Dios, pero no es para que el hombre llegue. Es un camino en dirección a Dios, y vamos a morir caminándolo. Tal vez, cuando morimos, llegamos a Dios; yo creo que es así, si nuestra alma no está en pena y da vueltas por ahí. Es decir, el ego deja de ser ego y pasa a ser otra cosa. Porque, en el fondo, piense que usted es un individuo, pero esa definición es insuficiente. Si usted no se conecta con el universo, muere en 8 minutos (lo necesario para dejar de respirar y estar muerto). Entonces, sin el universo, usted está muerto. Los hombres deberíamos estar integrados. Usted llega a Dios. Pienso que la muerte es la verdadera liberación. Ahora bien, ¿cuál es la prisión? La prisión es la idea de individuo. El hecho de ser individuos nos convierte en prisioneros. Esto sucede si usted está pensando; en cambio, si usted no piensa, como los vegetales, está totalmente integrado y ya está en el paraíso. Por eso, yo creo que en la Biblia, donde se dice que el diablo llevó a Eva y a Adán y les dijo: “¿Quieren tener la sabiduría de Dios? Coman del árbol del conocimiento, el conocimiento es el pensamiento”, el pensamiento fue el pecado; el momento en el que el hombre empezó a pensar y a tener ideas propias, disociadas de Dios y del todo, es el momento que marca la salida del paraíso. Y, por este motivo, la Iglesia Católica dice: “cuando se muere, usted regresa al paraíso; pero tiene que morirse, aquí no es posible encontrar el edén.” Frente a esta situación aparecen los “vivos” y dicen: “yo te consigo un lugar en el paraíso, pero me das el diezmo y te vendo algo para entregártelo después de la muerte”; en definitiva, todo esto puede convertirse en un gran negocio.

El mensaje final que me gustaría compartir es del fundador del Aikido: masakatsu agatsu katsu hayabi; o sea, ahora, ya, comience a luchar contra usted mismo y consiga la victoria.

Muchas gracias Sensei.
Muchas gracias a ustedes por esta entrevista.

Bull Sakanashi
Imagen tomada al finalizar la entrevista, en las puertas de Seiki Dojo. De derecha a izquierda; Sakanashi Leonardo sensei, Bull Shihan, Verdur sensei y Sapienza Mario, uno de los integrantes de Pequeños Universos. 2012.

(1) Dōka: poemas didácticos que siguen el modelo silábico 5-7-5-7-7, compuestos por los maestros para inspirar e instruir a sus discípulos. Fuente: Budō: Las enseñanzas del fundador del Aikidō. Morihei Ueshiba. Dojo Ediciones. 2006. Madrid.

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10 comentarios en “Entrevista a Wagner Bull Sensei

  1. Horacio Verdur

    Excelente interpretación de las palabras del Shihan. Hay mucho sentimiento puesto en cada uno de los conceptos y eso está muy bien representado en su texto… Aunque es sólo una corta entrevista, obra como un despertador que impulsa a ir siempre más allá y, a la vez, muestra los muchos aspectos de una gran persona.

    ¡Ojalá se despierte la curiosidad y el entusiasmo de mucha gente! ¡Gracias por compartirla con todos nosotros! Un gran abrazo.

    1. Apreciado Horacio: el equipo de Pequeños Universos agradece su apoyo y sus palabras. Con cada material crecemos en experiencia y en aprendizaje, tanto a nivel editorial como en lo que atañe a la disciplina. Un sincero abrazo de parte de todo el Staff.

    1. ¡Muchas gracias Mauro! Debo comentarte que esta entrevista, así como todo el material firmado por Pequeños Universos, es trabajo de todo el equipo editorial. Así es que hago extensivo tu comentario a todo Pequeños Universos.
      Abrazo.
      MARIO.

  2. Muchas Gracias a Wagner Sensei por esta importante e interesante Entrevista.
    Siempre es un gusto y un privilegio escuchar o leer algo que el Sensei comparta.
    Un camino largo y un deseo mas firme por comprender y adentrarnos mas a la Via.
    Felicidades por esta maravillosa publicación.

  3. Estimados Pequeños Universos, mucho gusto, mi nombre es Gabriel Benitez y soy de la cuidad de San Luis ciudad donde dirijo un Dojo, me a gustado mucho la nota de Shihan Bull y quería saber si es posible compartirla en mi Blog, lógicamente citando la fuente y poniendo un link a su pagina. Creo que es importante dar difusión a esta forma de entender el Aikido. espero su respuesta. Saludos Cordiales

    1. Estimado Gabriel: Qué bueno que te interesó la entrevista que le realizamos al Shihan Bull. Estamos de acuerdo en que la compartas del modo en que comentás (citando la fuente y colocando un link a Pequeños Universos). Desde ya, te invitamos a mantenerte en contacto y a realizar intercambios entre ambos espacios (el tuyo y el nuestro). ¡Saludos!

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