Ghost Dog. El camino del samurái (1999)

MPW-33348Nombre original: Ghost Dog: The Way of the Samurai
Castellano: El camino del samurái
Dirección: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Protagonistas: Forest Whitaker, Henry Silva, John Tormey

Ghost Dog. The Way Of The Samurai (1999)
Reseña cinematográfica por Juan Pablo Mazzini

Posicionándose en la década del ‘90, el director Jim Jarmush propone una historia, urbana y occidental, en la que se materializan y reconocen los valores propios del Japón medieval.
Ghost Dog (Forrest Whitaker) es un infalible asesino a sueldo que se guía por los principios del Bushido, el código samurái.
Como consecuencia de una deuda de vida, Ghost Dog es incondicionalmente leal a un gangster, Louie (John Tormey), quien periódicamente le encarga trabajos.
En uno de esos trabajos, la familia mafiosa a la que Louie responde comete un error y, para subsanar el mismo, considera que lo mejor es eliminar a Ghost Dog.
Ante esta situación, el joven asesino se preparará para contraatacar, lo que pondrá a ambos personajes contra la pared, ya que literalmente sus vidas dependen de la sujeción o no sujeción a sus respectivos códigos.

“Finalmente él y yo somos de dos tribus antiguas y diferentes.
Ahora ambas están casi extintas.”
Ghost Dog

A su manera, Ghost Dog y Louie son hombres de honor, pero en dos contextos en los que el honor es entendido de forma diferente.
Louie, para conservar su honor y su vida, debe eliminar a Ghost Dog porque es lo que sus superiores le han ordenado. Sin embargo, esto le genera un dilema moral, ya que siente aprecio personal por él y es consciente de que la causa de ese homicidio constituye una disfunción de su propia familia.
A su vez, Ghost Dog le debe su vida a Louie, por lo que lo considera su amo. Por ese motivo jamás contemplaría la posibilidad de matarlo. Pero esa premisa no cuenta para los compañeros de Louie, por lo que no dudará un segundo en ir por ellos.

En una primera mirada, ambos códigos, el Bushido y el de la Mafia, parecen similares e incluso compatibles: los dos hacen hincapié en el respeto incondicional a un jefe, ya sea el señor feudal o el jefe de la familia. En los dos, la obediencia es un elemento de vital importancia: ni un samurái ni un gangster tienen que guiarse por lo que quieren sino por lo que deben. Y en los dos códigos el honor y la lealtad son condiciones indispensables, so pena de muerte, para pertenecer al clan samurái o la familia en cuestión. No es casualidad que el código de la Yakuza –a saber, la mafia japonesa– se haya estructurado tomando como referencia directa al Bushido.
Pero existen también dos diferencias que son vitales y marcan una fuerte grieta entre ambos códigos. En primera medida, los samuráis no eran criminales. Pudieron haber incurrido eventualmente en abusos de poder o actos de suma crueldad, pero su proceder se ciñó siempre a las leyes existentes y su fin fue el servicio a un señor feudal que detentaba las mismas.
La Mafia es, por el contrario, una organización criminal y clandestina; sus reglas procuran regular y organizar una actividad delictiva bajo la vieja premisa del “honor entre ladrones”. Así, la Mafia resulta en sí misma una entidad concebida para perseguir fines espurios.
Por otro lado, mientras que los samuráis sostuvieron a rajatabla su código, procurando respetarlo y anteponiéndolo ante cualquier otra cosa, los mafiosos muchas veces tienen una actitud laxa hacia el suyo, rompiéndolo o reajustándolo cada vez que les resulta conveniente. Si algo ha enseñado la historia es que los más destacados gangsters no han sido los que se ciñeron a las reglas sino quienes han sabido saltárselas sin ser descubiertos, o detentarlas de acuerdo a sus necesidades particulares.

Para el samurái, lo fundamental es el respeto incondicional al código, mientras que para el mafioso, lo fundamental es hacer creer a los otros mafiosos que respeta el código, aunque efectivamente no lo haga.
Para un samurái el honor es un hecho, para un mafioso es sólo una apariencia y un recurso estratégico más.

Ghost Dog. El camino del Samurái es esencialmente un relato sobre honor y lealtad, en el cual dos hombres se ven obligados a confrontar por el hecho de responder a códigos diferentes. De esta forma, las mencionadas similitudes e irreconciliables diferencias entre el Bushido y el código de la Cosa Nostra irán configurando los distintos momentos de un relato firme y aplomado, que hace particular hincapié en los detalles y las sutilezas.
Valiéndose de recursos como los encuadres persistentes, los fundidos encadenados, los silencios expresivos, los sutiles movimientos de cámara, la música hip-hop, y la recurrente aparición de fragmentos del Hagakure, un tratado samurái que es la lectura de cabecera de Ghost Dog, Jarmush crea un ritmo y un clima que progresivamente meten al espectador en los particulares mundos de los personajes y la lógica de los mismos.
A esto es bueno agregar las impecables interpretaciones de todo el elenco, entre las que claramente destacan Whitaker, en la piel del honorable sicario, y Tormey, en la del mafioso atribulado.

Encuentro decisivo entre Ghost Dog y Louie. Dos hombres de honor.
Encuentro decisivo entre Ghost Dog y Louie. Dos hombres de honor.

Para todos aquellos interesados en las películas de samuráis y el cine de gangsters, no es exagerado decir que Ghost Dog. El camino del Samurái es una obra en la que, probablemente, sea posible encontrar lo mejor de ambos mundos.

 

Bibliografía consultada

Dickie, John. Cosa Nostra. Ed Debols!llo. 2006
Dickie, John. Historia de la Mafia. Ed. Debate. 2015
Nitobe, Inazo. Bushido. El camino del Guerrero. Ed. Ladosur. 2015
Shigesuke, Taira. Bushido. El Camino del Guerrero. Ed. Claridad. 2012 (1)
Tsunetomo, Yamamoto. Hagakure. A la Sombra de las Hojas. Ed. Claridad. 2012

(1) El título original de esta obra es Bushido Shoshinshu, que significa “Bushido para principiantes”, aunque la edición en español ha sido editada con un título homónimo al del libro de Nitobe.

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